La caída de Gebreselassie y el ascenso de Bolt: historia de un Mundial (II)

La última edición del Mundial de atletismo en el siglo XX tuvo lugar en Sevilla, España, en 1999 y allí nuevamente el norteamericano Michael “el Pato” Johnson fue la principal figura. En esa cita el veloz corredor se convirtió en el máximo ganador de títulos y lo hizo de la mejor manera: con un récord mundial en los 400 metros planos, al recorrer esa distancia en 43,18 segundos.

En total, Johnson obtuvo nueve coronas, desde la lograda en los 200 metros, en la edición de Tokio, en 1991, hasta el triunfo en Sevilla. Otro portento, Carl Lewis, “el hijo del viento”, terminó con 10 preseas; pero “solo” ocho fueron de oro.

El estadounidense Maurice Greene dominó la velocidad con triunfos en los 100 y 200 metros. Detrás de él finalizó su coterráneo Tim Montgomery. Este mismo atleta integró el relevo norteamericano de 4 x 100 metros que conquistó la corona; sin embargo, luego se demostró que había corrido dopado en ambas ocasiones y, por tanto, tuvo que entregar la presea de plata y el equipo perdió el título.

En el salto con pértiga por primera vez en los Mundiales no compitió el gran Sergey Bubka y su lugar en la cima del podio lo ocupó el ruso Maksim Tarasov quien se elevó hasta los seis metros y dos centímetros. Un dato curioso: Bubka rompió en 35 ocasiones el récord mundial; sin embargo, en Mundiales nunca sobrepasó la altura con la que ganó Tarasov en Sevilla.

La edición de 2001, celebrada en Edmonton, Canadá, mostró algunas sorpresas y la más llamativa de todas fue el revés del etíope Haile Gebreselassie. El africano había ganado cuatro Mundiales consecutivos en los 10 mil metros, entre 1993 y 1999; además, ostentaba los títulos olímpicos de Atlanta y Sídney; pero en Edmonton el keniano Charles Kamathi rompió la racha victoriosa de Gebreselassie quien concluyó en el tercer lugar.

El siguiente mundial se realizó en París, en 2003 y fue uno de los mejores para Latinoamérica, porque además de las dos medallas cubanas, el ecuatoriano Jefferson Pérez ratificó su liderazgo en los 20 kilómetros marcha; mientras el dominicano Félix Sánchez volvió a subir a lo más alto del podio mundialista en los 400 metros planos y,  por último, el relevo brasileño de 4 x 100 metros terminó en la segunda posición.

Dos años después, en 2005, el Mundial regresó a Helsinki y la lluvia fue una inesperada protagonista, ya que nunca dejó de caer sobre el estadio Olímpico. La gran estrella fue el norteamericano Justin Gatlin, pues se convirtió en el segundo atleta que cruzó primero la meta en los 100 y 200 metros. No obstante, la historia de Gatlin acabó de la peor manera: en 2006 volvió a dar positivo en un examen antidoping y la Federación de su país lo suspendió por ocho años.

En 2007 el Mundial retornó a territorio nipón, esta vez a Osaka. Tal vez la historia más llamativa haya sido el aplastante dominio norteamericano en la velocidad, porque los triunfos de Tyson Gay y Allyson Félix se combinaron con las cuatro victorias de ese país en las carreras de relevo, una actuación sin precedentes en Mundiales.

Los cambios de nacionalidades, tan frecuentes en el atletismo, recibieron nuevas críticas luego del inédito doblete de Bernard Lagat. Este hombre se formó en Kenia; pero luego adquirió la nacionalidad estadounidense y bajo esa bandera ganó los 1500 y 5000 metros en Osaka.

Los veteranos también reclamaron su espacio y la lanzadora de disco alemana Franka Dietzsch asombró a todos, después de ganar el evento con un disparo de 66 metros y 61 centímetros. De esta manera, Dietzsch, a sus 39 años, se convirtió en la segunda campeona de más edad en los Mundiales.

Para la cita de Berlín, en 2009, las miradas estaban centradas en un atleta jamaicano que un año antes había dejado boquiabiertos a los seguidores del deporte, luego de imponer dos marcas mundiales en la Olimpiada de Beijing. Usain Bolt sabía que las expectativas eran enormes y el bólido caribeño realmente no decepcionó.

El duelo entre Bolt, el también jamaicano Asafa Powell y Tyson Gay, en la final de los 100 metros planos, prometía ser intenso y la rivalidad era tanta que se produjo la carrera más rápida de todos los tiempos.

Desde el inicio Bolt tomó la delantera y detuvo el cronómetro digital en 9,58 segundos, 11 centésimas menos que su anterior marca, lograda en Beijing. Detrás de Bolt entró Gay con otro tiempo extraordinario: 9,71 segundos; mientras Powell quedó en bronce, con 9, 84 segundos.
Nunca antes en la historia del atletismo tres hombres habían recorrido los 100 metros en tan pocos segundos. Cuatro días después de estremecer al mundo con su récord, Bolt volvió a la pista, para disputar la corona de los 200 metros. Desde que sonó el disparo asumió el liderazgo de la carrera y, a diferencia de Beijing, nunca detuvo sus pasos y entró en la meta con un tiempo increíble: 19,19 segundos. Bolt había bajado también en 11 centésimas su marca de los 200 metros. No se le podía pedir más al campeón; pero todavía encontró fuerzas para intervenir en el relevo de 4 x 100 metros. En esa modalidad los jamaicanos pasearon la distancia y conquistaron la corona.

Con sus tres títulos y, especialmente, con los dos récords, ¿se podría afirmar que Usain Bolt ha sido el atleta más espectacular en los Mundiales de atletismo? Es una comparación difícil, porque Carl Lewis sabía cómo ganar una carrera y también el salto largo; Sergey Bubka triunfaba sin problemas; mientras Michael “el Pato” Johnson alcanzó nueve medallas de oro. Todos ellos acumulan más preseas que el jamaicano; pero ninguno logró sus éxitos de la forma en que lo hizo Bolt.

Publicado en Habana Radio

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido