
A los 43 años, el armenio-estadounidense Levon Aronian ganó en Grootbos, Sudáfrica, la Final del Grand Slam de Ajedrez Freestyle 2025, al derrotar 1,5–0,5 a Magnus Carlsen, número uno del mundo y campeón absoluto del circuito. Cuatro días sin conocer la derrota, 17 partidas invicto y 200.000 dólares por la victoria en el torneo coronan una temporada en la que Aronian ya ha rozado el medio millón de dólares solo en esta modalidad.
El rey del caos: Aronian y su romance con el Chess960
Que Aronian se siente cómodo en el caos creativo del Freestyle no es nuevo. Lleva años defendiendo esta variante como una forma de liberar al ajedrez de toneladas de teoría y devolverle el protagonismo a la comprensión y la imaginación sobre el tablero. En Grootbos, lo demostró con hechos: fue el jugador de mayor edad del torneo y, sin embargo, el que mejor navegó por posiciones totalmente nuevas.
La primera partida de la final fue, como dijo el comentarista Peter Leko, “una masacre, un espectáculo de un solo hombre”. La posición inicial sorteada, la número 454, ya parecía incómoda para las negras. Carlsen, con negras, se metió en un lío desde muy temprano: pensó casi diez minutos en su jugada 2…e5, un sacrificio de peón que nunca terminó de justificar. Para entonces, Aronian tenía un plan claro: desarrollar tranquilo, consolidar el peón de más y dejar que el reloj hiciera daño.
El noruego, apurado de tiempo desde el comienzo, nunca encontró compensación real. Tras el error 9…d5, el tablero contó la historia más simple de todas: un peón de más convertido en victoria con precisión quirúrgica. Sin trucos, sin sobresaltos, sin ese “toque natural” que tantas veces ha rescatado a Carlsen en posiciones dudosas. Aronian no le dio ninguna opción.
Nervios, defensa y un final perfecto
Con la ventaja en el marcador, quedaba el segundo asalto. Sobre el papel, la segunda partida fue una “simple” tablas, con precisión casi milimétrica por ambos bandos. En la realidad, fue un examen de nervios para Aronian. Carlsen apretó, llevó la posición a un final donde históricamente ha construido su leyenda y, por momentos, la barra de evaluación dejó de contar tanto como la respiración del propio Aronian.
Hubo un pequeño titubeo al final, lo suficiente para que los comentaristas se inquietaran ante la posibilidad de una remontada a lo “viejo Carlsen”. Pero el estadounidense se sostuvo, jugó con sangre fría y firmó las tablas que le daban el título. Sin errores graves, sin derrumbe psicológico. “Creo que jugué muy bien hoy. Estuve más o menos en control en ambas partidas. Estoy, diría, un poco orgulloso de mí mismo”, confesó después.
Familia, dinero y un mensaje generacional
Más allá de la preparación y el talento, Aronian no tuvo problemas en compartir su “secreto”: su familia. Su esposa Ani y su hija Zabelle estuvieron con él en el torneo, algo que el campeón ligó directamente a su rendimiento. “Me están apoyando y dando fuerza. ¡Lo puedo recomendar mucho!”, bromeó.
El triunfo de Aronian no borra el dominio general de Carlsen en el circuito: el noruego terminó la temporada con 121 puntos, 37 más que Aronian. Pero sí envía un mensaje claro: en el territorio salvaje del Freestyle, el “viejo león” sigue teniendo garras. Y, quizá lo más interesante, esta final se produjo en un momento político particular para el ajedrez.
Desde Reykjavik 2022, donde la FIDE organizó su último Mundial de Fischer Random, la relación con el proyecto Freestyle había sido tensa. En Sudáfrica, el presidente de FIDE, Arkady Dvorkovich, apareció en vídeo para tender un puente: reconoció a Magnus Carlsen como el número uno indiscutible de esta variante y habló de una posible colaboración “mutuamente beneficiosa” con la marca Freestyle Chess. ¿En serio?

Vincent Keymer: talento joven que no se esconde
El tercer lugar fue para Vincent Keymer, quien venció 2–0 al uzbeko Javokhir Sindarov. El alemán, vencedor del primer evento del circuito en Weissenhaus, ejecutó en el primer duelo una combinación que derivó en ataque demoledor tras el sacrificio 19.Ch6!. Luego remató en el segundo encuentro con un final técnico que él mismo anticipó en la cabina de confesiones: “Creo que este rompimiento de peones simplemente funciona”.
Sindarov, cuarto, se marcha con la satisfacción de haber ganado la fase de round robin, prueba de su madurez competitiva tras conquistar la Copa Mundial de la FIDE meses antes.
Caruana quinto, Arjun sexto
En la lucha por el quinto lugar, Fabiano Caruana superó 1,5–0,5 a Arjun Erigaisi. El estadounidense ganó un primer duelo marcado por sacrificios dudosos del indio y, en la segunda partida, administró un final igualado hasta forzar una repetición que le garantizó el puesto. Caruana cerró así un torneo irregular, pero rentable: 40.000 dólares por su posición.
Niemann séptimo, Maghsoodloo octavo
El match más emocional fue el de Hans Niemann contra Parham Maghsoodloo. El iraní ganó la primera partida gracias a un grave error de Niemann… en la jugada 4, algo insólito en este nivel. Pero el estadounidense contratacó con una victoria inmediata en el segundo encuentro y doble triunfo en los desempates blitz, incluyendo un mate final sobre el tablero. Séptimo lugar para Niemann; octavo para un Maghsoodloo que nunca logró asentarse en Sudáfrica.
