La nueva guerra entre la NBA y el Trompeta de la Casa Blanca

En Estados Unidos es tradición que los equipos campeones de las principales ligas profesionales y universitarias realicen una visita de cortesía a la Casa Blanca, para saludar al presidente. Durante los ochos años de estancia de Barack Obama en ese recinto, las imágenes del mandatario y su esposa, Michelle, junto a las grandes estrellas del baloncesto, como LeBron James y Dwayne Wade, mostraban claramente el respeto mutuo entre políticos y deportistas. Con Donald Trump al mando, la historia parece ser completamente diferente y el ejemplo más reciente es el enfrentamiento abierto entre los Warriors de Golden State y el polémico magnate.

Después de obtener el segundo título en tres años, tras superar a los Cavaliers de Cleveland, surgió la duda sobre cómo actuarían los jugadores y directivos de los Warriors ante la posible visita a la Casa Blanca.  El coach Steve Kerr había dejado claro que no tenía intenciones de asistir, por sus abiertas divergencias con lo sucedido en las elecciones y por las posiciones racistas de la actual Administración. Otro que, desde un inicio, aclaró que tampoco iría a la Casa Blanca fue el MVP de la Final, Kevin Durant. La “ola de deserciones” continuó con la figura más seguida de los Warriors: Stephen Curry. En declaraciones que aparecieron en el periódico USA Today, el jugador expresó claramente que no quería ir, porque no se identificaba con las cosas que hacía Trump y que no pretendía defenderlo.

El rechazo de las estrellas de los Warriors molestó a Trump quien recurrió a su método de comunicación favorito (al parecer, el único): Twitter. En su perfil, el presidente escribió que antes era un honor para los campeones visitar la Casa Blanca, pero ante la negativa de Curry era él quien retiraba la invitación a los Warriors. De inmediato, varios jugadores de la NBA mostraron su solidaridad con Curry y los Warriors. LeBron, quien hizo campaña públicamente a favor de Hillary Clinton, también utilizó Twitter para apoyar a su colega y criticar al mandatario. El “Rey James” reconoció que ya no era un honor asistir a la Casa Blanca, porque Trump estaba allí

Otro que alzó y muy alto su voz fue el base de los Rockets de Houston, Chris Paul, quien es una figura clave en la Asociación de jugadores de la NBA. Paul atacó con fuerza a Trump e, incluso, llegó a criticar la valentía de Trump, al señalar que dudaba que fuera capaz de lanzar improperios, cara a cara, a los jugadores de la liga.

La organización de los Warriors trató de calmar el asunto y, a través de un comunicado, aseguró que irían a Washington en febrero, pero que, en lugar del tradicional saludo en la Casa Blanca, aprovecharían el tiempo para promover los valores que defienden como franquicia. Además, aclararon que se sentían decepcionados por no poder compartir directamente con el presidente sus puntos de vista sobre los hechos que afectan a las comunidades.

Mientras, la NBA, mediante su Comisionado, Adam Silver, también hizo lo posible por aplacar el asunto. Silver admitió que hubiera preferido que los Warriors asistieran a la Casa Blanca y le presentaran al presidente sus opiniones; pero, al mismo tiempo, el directivo aclaró que estaba orgulloso por la implicación de los jugadores con los asuntos críticos de las comunidades menos favorecidas en Estados Unidos.

¿Continuarán las polémicas entre Trump y los atletas? Probablemente sí. Los deportistas aprovechan su liderazgo para mostrar su oposición a diversos temas, como ha ocurrido, por ejemplo, con varios jugadores de la NFL que han optado por no ponerse de pie ante el himno nacional, como protesta por el aumento del racismo en el país. Pero los criticados no se han quedado en silencio y las respuestas van desde la muy reciente no invitación a la Casa Blanca hasta mover todos los hilos posibles para impedir que los que levanten la voz no puedan encontrar trabajo. Para cualquier duda, pregúntele a Colin Kaepernick.

Publicado en Newsgur

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Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido