Serie Nacional de béisbol: una historia de medio siglo

Cincuenta años atrás la pelota cubana vivió un profundo cambio. Después de más de 70 temporadas de la Liga profesional comenzó un nuevo evento, con peloteros amateurs. Al realizar una mirada retrospectiva comprendemos ahora con mayor claridad cuán grande fue aquel reto y también cuán complejo es el desafío actual de la Serie Nacional de béisbol, el principal torneo deportivo del país.

El domingo 14 de enero de 1962 entró en la historia de la pelota cubana. Ese día se enfrentaron los cuatro equipos que intervinieron en un nuevo campeonato. Sus organizadores lo llamaron “Serie Nacional” y tal vez en ese momento no muchos pensaron que el torneo sobrepasaría las cincuenta ediciones.

Para la cita inaugural se conformaron 4 equipos, con una estructura similar a la Liga profesional. Entre las 4 selecciones Occidentales tuvo en la nómina a peloteros matanceros, pinareños y también habaneros con experiencia en la pelota amateur. La dirección quedó bajo la responsabilidad del veterano Fermín Guerra quien contó con el apoyo de importantes figuras como los matanceros Edwin Walters, Tomás Soto y Manuel Hernández; también del pinareño Fidel Linares, el padre de Omar y Juan Carlos Linares; mientras de La Habana estuvieron Urbano González, Pedro Chávez y Ñico Jiménez.

Otro de los equipos favoritos al título de la primera Serie Nacional era Oriente que agrupó a jugadores de la entonces provincia del mismo nombre. Bajo la dirección de Pedro “Natilla” Jiménez estuvieron reconocidos jugadores como Ramón Hechavarría, Rolando “el Gallego” Valdés, Andrés Telemaco, Modesto Verdura y Manuel Alarcón, el siempre recordado  “Cobrero”.

La tercera selección de la Serie Nacional de 1962 fue Azucareros. En ella jugaron peloteros de la provincia de Las Villas; no obstante, al igual que sucedió con las otras novenas, también se unieron algunos atletas de Camagüey y hasta de Holguín. A los Azucareros los dirigió Tony Castaño, otro famoso director que condujo a los Elefantes de Cienfuegos al último título de la Liga profesional cubana, en 1961.

Castaño conformó una intimidante alineación, en la que sobresalían el espirituano Owen Blandino y el camagüeyano Miguel Cuevas; mientras, desde el montículo, Aquino Abreu, Jorge Santín y Román Aguila ocuparon las  principales responsabilidades en la rotación de abridores.

El cuarto y último equipo fue Habana que tomó el nombre de los “Leones del Habana”, la selección que alcanzó la mayor cantidad de títulos en la Liga profesional y que mantuvo una extensa porfía con los Alacranes de Almendares. El manager del Habana en la Serie Nacional de 1962 fue José María Fernández quien tenía una prometedora plantilla; sin embargo, los resultados no fueron buenos. La parte más sobresaliente de los habaneros era el cuerpo de lanzadores, liderado por Alfredo Street, Franklyn Azpillaga y Raúl “la Guagua” López.

Los organizadores prepararon un calendario de 27 partidos, en el que cada equipo chocaría en 9 ocasiones contra los otros tres. El Gran Stadium del Cerro acogió a la fecha inaugural y aunque había algunos escépticos sobre el posible desarrollo de la Serie, el tiempo se encargaría de demostrar que aquel era un certamen de muchísima calidad que había llegado para quedarse.

El domingo 14 de enero hubo un doble partido. A primera hora se enfrentaron Azucareros y Oriente. El desafío terminó con una cómoda victoria para los centrales, por 6 anotaciones a 0, gracias al brillante trabajo desde el box de Jorge Santín quien apenas permitió tres indiscutibles a los orientales.

Luego, en el segundo turno, Habana chocó contra Occidentales. Este juego fue mucho más reñido y se extendió a extrainnings, hasta que finalmente triunfaron los occidentales, por 3 carreras a 1. La derrota fue para Alfredo Street, mientras Manuel Enrique Hernández obtuvo el primero de sus 6 éxitos, por lo que fue reconocido como el lanzador más dominante de aquella primera Serie de 1962.

Durante las siguientes semanas, hasta el 3 de marzo, los cuatro equipos involucrados en la Serie lucharon por el título; sin embargo, ya a la altura del vigésimo partido era evidente la superioridad de Occidentales. Este equipo no tuvo ningún problema para culminar en la primera posición y recibió el trofeo como primer campeón nacional.

Para lograr una diferencia tan abultada sobre los otros tres rivales el director Fermín Guerra se apoyó en el buen trabajo de sus lanzadores. Por ejemplo,  Manuel Enrique Hernández concluyó como líder de la Serie con 6 éxitos y 94 ponches; mientras, Antonio Rubio, Rolando Pastor y José Mesa alcanzaron, cada uno, tres triunfos. Rubio sobresalió todavía más porque obtuvo el mejor promedio de carreras limpias del certamen, con un impresionante 1,39.

Al revisar las estadísticas de la primera Serie Nacional es fácil notar que fue un campeonato de poca ofensiva y mucho dominio de los lanzadores. Además de pitchear mejor, los bateadores de Occidentales resaltaron y el título ofensivo lo ganó Edwin Walter, por sus 29 jits, en 79 turnos oficiales al bate, para un promedio de 367. Mientras Urbano González, uno de los hombres con mejor vista en la historia de las Series, anotó 19 carreras y, además, acumuló la mayor cantidad de imparables, con 40.

Para completar el aplastante dominio del bateo de Occidentales, Pedro Carvajal y Tomás Soto impulsaron 19 anotaciones y terminaron igualados con el oriental Ramón Hechavarría. En la tabla final de posiciones Occidentales finalizó con amplia ventaja, porque de los 27 partidos ganó 18. Detrás se ubicaron Oriente y Azucareros, ambos con un balance negativo de 13 triunfos y 14 derrotas. La cuarta y última posición fue para Habana, con solo 10 victorias.

Un año después, exactamente el 10 de febrero de 1963, quedó inaugurada la segunda versión de la Serie Nacional, con un formato similar, es decir, 4 equipos, aunque hubo dos cambios: el calendario se extendió a 30 desafíos, 10 frente a cada selección y el lugar de Habana lo ocupó Industriales.

Las cuatro primeras Series Nacionales tuvieron varios puntos en común, porque los organizadores persistieron en la idea de las 4 selecciones y los 30 partidos. Industriales sacó la mejor parte de aquella etapa, ya que obtuvo 4 campeonatos de forma consecutiva y en la cincuentenaria historia de las Series ha sido el único con esa cantidad de títulos en línea. A partir de 1965 el número de participantes aumentó hasta 6 y desde esa fecha hasta la actualidad las Series han pasado por diversas estructuras.

Por medio siglo la Serie Nacional nos ha unido en el gusto por el béisbol. En ella hemos disfrutado del triunfo de nuestros equipos favoritos; también hemos sufrido con los reveses de esas mismas selecciones. Nadie parece quedar impasible ante la Serie y solos nos queda desear que los directivos del béisbol cubano tengan el buen tino de encausar a este torneo por mejores caminos.

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido