
El Memorial Capablanca de 2026 dejó una imagen difícil de esquivar: Cuba logró mantener en pie uno de los torneos más históricos del ajedrez latinoamericano, pero lo hizo en una versión reducida, sin el peso internacional que durante décadas convirtió a La Habana en una parada respetada del calendario.
El Gran Maestro habanero Dylan Berdayes fue el rostro deportivo de la edición 59. Ganó el grupo Abierto con siete puntos de nueve posibles, terminó invicto y además se impuso en la modalidad Blitz. Fue una doble corona importante para un jugador que atraviesa un buen momento y que se proyecta como pieza clave del equipo cubano rumbo a la Olimpiada de Samarcanda.
Pero el título de Berdayes, valioso en lo individual, no puede ocultar la dimensión real del torneo. El Capablanca 2026 quizás haya sido el menos fuerte de la historia.
Un campeón sólido en un escenario debilitado
Berdayes hizo lo que debía hacer. No perdió, administró la ventaja y cerró con tablas rápidas ante Jorge Roberto Elías, en una última ronda donde el cansancio y los compromisos internacionales inmediatos pesaron más que el espectáculo. Su triunfo confirma estabilidad, madurez competitiva y capacidad para imponerse en torneos abiertos, donde cada ronda puede convertirse en una trampa.
Detrás quedaron Elías y Luis Lázaro Agüero, ambos con 6,5 unidades. El podio, completamente cubano, habla bien del rendimiento local, pero también revela el principal problema de esta edición: la baja presencia extranjera con aspiraciones reales al título.
La ausencia del tradicional Grupo Elite fue el golpe simbólico más fuerte. En su lugar se organizó un único grupo abierto de 122 jugadores, procedentes de nueve países. La cifra puede parecer respetable en volumen, pero no compensa la pérdida de jerarquía competitiva.
La comparación con ediciones recientes es inevitable. En 2025 estuvo el danés Jonas Buhl-Bjerre como ganador del grupo principal y también figuras como el ruso Volodar Murzin, campeón mundial de rápidas. Un año antes, el ucraniano Ruslan Ponomariov, excampeón mundial FIDE, dio al certamen un brillo que conectaba con su tradición. En 2026, ese puente con la elite desapareció.
La compleja situación económica de Cuba pesa. Los costos de viaje, la logística interna, las limitaciones materiales y la pérdida de atractivo competitivo reducen la capacidad de convocatoria. La Federación Cubana de Ajedrez necesitó apoyo financiero de la FIDE para sostener la edición. Ese respaldo permitió salvar el torneo, pero salvarlo no equivale a fortalecerlo.
También fue relevante la continuidad de las justas infantiles “Buscando un Capablanca”, con más de 200 participantes por edades. Ahí está, quizás, la noticia más esperanzadora. Si el torneo mayor perdió brillo, la cantera todavía conserva energía. Cuba no puede permitirse abandonar ese espacio.
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