LeBron James no puede con la evolución del baloncesto

Durante mucho tiempo al menos tres cosas parecían seguras en el mundo de las canastas: la información del origen del baloncesto, la clasificación de los Lakers de Los Ángeles a la postemporada y la presencia de LeBron James en una final de la NBA. Tanto ha evolucionado este deporte que, a día de hoy, casi 130 años después de la genial idea del profesor James Naismith, nada puede darse por sentado, porque los Lakers extendieron a seis años su racha de ausencias consecutivas de los playoff y el “Rey” LeBron dejó en ocho el total de participaciones en línea en la discusión del título más ansiado del universo del basquetbol.

En 1891, de seguro Naismith no pudo imaginar que aquel ejercicio que inventó para entretener a sus estudiantes en Springflield, durante un crudo invierno, terminaría convirtiéndose en uno de los deportes más practicados y seguidos del mundo. Mucho ha cambiado el baloncesto (¿qué pensaría el profesor Naismith sobre las reglas actuales?), pero al menos conserva sus esencias y eso es para aplaudir.

En la NBA probablemente no haya un equipo más querido y/o odiado que los Lakers. Sucede algo similar con otras franquicias, en diferentes ligas, como los Yankees en las Mayores y los Cowboys y Patriots en la NFL. No pocas de las principales estrellas de todos los tiempos han vestido el uniforme de los Lakers, desde Elgin Baylor, Jerry West, Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Magic Johnson hasta Shaquille O´Neal y Kobe Bryant. Ahora también es el uniforme de LeBron James.

Solo Celtics de Boston ha logrado más títulos que los Lakers. En el Staples Center están colgadas las 16 banderas que acreditan cada campeonato ganado por la franquicia. Entre 1948 y 2013, los Lakers solo estuvieron ausente de cinco postemporadas. En ese período se convirtieron en una dinastía y el grito de ¡Beat L.A! pudo escucharse en cada estadio de la NBA. En los últimos seis años, la dinastía cayó en un ostracismo más que preocupante, del que ni siquiera el autoproclamado “Rey” pudo salvarla, al menos en su primer año de contrato.

Tras quedar nuevamente fuera de los playoff en 2018, Magic Johnson movió toda su influencia para atraer a Hollywood al mejor jugador del mundo. El “Rey” LeBron había estado en ocho finales de la NBA de manera consecutiva, 4 con el Miami Heat y 4 con los Cavaliers de Cleveland. En su mano tenía tres anillos y sobre sus hombros estaba la hazaña de la primera y única remontada de 1-3 en una final de la NBA, frente a los Warriors de Golden State, en 2015. Los Lakers abrieron en grande la billetera (154 millones de dólares por cuatro años) para convencer a LeBron sobre su mudanza al “salvaje” Oeste, una conferencia que en la última década ha sido mucho más fuerte que el Este.

El inicio fue prometedor; pero, entonces, James sufrió una lesión en la ingle y este fue el comienzo del fin. El “Rey” estuvo alejado de la cancha más tiempo del esperado y en su ausencia el equipo se hundió. Luego llegaron otras lesiones, uno tras fueron cayendo jugadores regulares, desde Lonzo Ball hasta Brandon Ingram; aunque, realmente, el elemento que terminó por acabar con las esperanzas de los fanáticos de los Lakers fue la “persecución” de Anthony Davis. La directiva de la franquicia angelina puso sobre la mesa a medio equipo, pero esto no convenció a los Pelicans que no aceptaron el traspaso. Algo quedó, definitivamente, roto tras la fallida negociación.

¿Cómo entender el estrepitoso fracaso de LeBron? El “Rey” jugó partidos de playoff de manera consecutiva entre 2006 y 2018. Ahora verá (si es que lo hace) al nuevo campeón por televisión, desde la comodidad de su millonario hogar en Los Ángeles. Falló la franquicia en la contratación de jugadores, erró burdamente en perseguir a Davis, pero es lógico que James reciba la mayor cantidad de críticas. No fue el mentor que se esperaba de los jóvenes talentos, su cuerpo de casi 35 años esta vez no pudo soportar los embates de una larga temporada y su rendimiento en no pocos juegos quedó por debajo. ¿Será mejor su segunda campaña en el Staples Center? Indudablemente sí, porque no creo que pueda caer más bajo que lo ocurrido esta temporada.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

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