7 innings, otra (de) Regeneración del béisbol

El italiano Riccardo Fraccari, presidente de la Confederación Mundial de Béisbol Softbol (WSBC), ha encontrado la “solución” a un problema grave: la pelota necesita reajustar sus reglas para volver a ser un deporte olímpico. Por eso, el titular de la organización, de visita en Cuba, soltó una perla que ha despertado enormes polémicas en todas partes, menos en los directivos de la Federación cubana que escucharon y, al menos públicamente, no dijeron nada: después de la cita estival de Tokio 2020, los partidos de los torneos que organice la WSBC serán a siete innings, en lugar de nueve.

De acuerdo con Fraccari, en declaraciones recogidas por Jit, la medida ha generado entusiasmo. Supongo que ese “entusiasmo” sea entre los propios directivos, que buscan a toda costa reconocimiento para sobrevivir, porque saben que la WSBC corre el riesgo de ser intrascendente, en un escenario donde las principales decisiones las toma Major League Baseball.

El béisbol salió del programa olímpico después de Beijing 2008 no por el tamaño de los equipos, sino porque no pocos miembros del COI adujeron que era insostenible que a la cita estival no asistieran los mejores atletas de la modalidad, es decir, los peloteros que juegan en organizaciones de Grandes Ligas. Ni la extinta IBAF ni ahora la WSBC lograron (ni creo que lo consigan en el futuro) convencer a MLB de unirse a la aventura olímpica, esencialmente porque a esa organización no le interesa el torneo de la cita estival. Para ellos, el “béisbol internacional” se concentra en el Clásico Mundial, cada cuatro años, organizado por ellos, con sus propias reglas. ¿Una mirada miope al tema? Así lo creo, y tal vez el ejemplo más fehaciente sea el de la NBA, que tras aceptar la presencia de sus jugadores en los certámenes olímpicos ha logrado “internacionalizarse” más y eso es clave para el crecimiento multimillonario del negocio. MLB ha decidido cerrar ojos y oídos a los Juegos Olímpicos, aunque al menos comparte con WSBC la misma preocupación sobre la larga duración de los juegos.

El Comisionado de Grandes Ligas, Rob Manfred, ya sabemos que es un hombre que suele “abrazar” los cambios y bajo su directiva se han impulsado una serie de transformaciones—algunas con sentido lógico, otras, realmente, disparatadas—que podrían implementarse en venideras temporadas de las Mayores; sin embargo, ni siquiera a él ni a sus asesores se les ha ocurrido tocar la extensión, en innings, de los partidos. Probablemente porque entiendan que es una parte esencial del juego y que el Sindicato de jugadores bajo ningún concepto aceptaría llevar un partido a solo siete entradas.

Las “explicaciones” de Fraccari sobre las ventajas de acortar los partidos no convencen a nadie.  “Será favorable para la permanencia de este deporte en los Juegos Olímpicos porque las cuotas son un problema, y ahora se necesitarán menos atletas (…) La demora más amplia de los juegos es entre la séptima y la novena entradas. Esto acortará como mínimo una hora de duración. Con el partido a siete innings se va a disminuir el desequilibrio entre un equipo y otro”, afirmó. Tanta profundidad metodológica despierta sonoras risas.

Siguiendo esta “lógica” de pensamiento, tal vez Fraccari proponga innings a dos outs, ponches con dos strikes y, ¿por qué no? al tercer foul, ¡out! De seguro todo esto “disminuiría el desequilibrio” entre los equipos, acortaría los desafíos y, sí, cómo no, convencería al COI de reinstaurar al béisbol como parte del programa oficial de los Juegos.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

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