¿Dónde diablos jugarán nuestros peloteros?

Casi termina la temporada regular de la 53 edición de la Serie Nacional y aunque todas las miradas parecen centradas en cuáles equipos finalmente acompañarán a Matanzas  y Pinar del Río en los playoffs, creo que prefiero mirar “un poco más allá” y me pregunto: ¿en qué ligas profesionales podrán insertarse los peloteros cubanos?

El interés de directivos de la liga coreana y japonesa  es un “secreto a voces”; además, tampoco descarto varias contrataciones de los Piratas de Campeche, un equipo que tiene al pinareño Jorge Fuentes como director. Un colega, bien informado en temáticas beisboleras, me comentó que la reincorporación de Alfredo Despaigne con la selección de la Liga mexicana era solo cuestión de que terminara la actual temporada en Cuba . Despaigne fue elegido como refuerzo por Santiago de Cuba y ya sabemos que las Avispas han vuelto a lucir muy mal y no por gusto están ubicadas en el fondo de la tabla de posiciones, así que no habrá playoffs para el granmense.

¿Cuánto hay de cierto en una supuesta lista (muy amplia por cierto) de peloteros cubanos que han despertado el interés de equipos coreanos? ¿Solo son 14 (no como el grupo musical) los que llamaron la atención de los japoneses?  Este no es un blog de especulaciones, así que no repetiré las historias que me cuentan amigos; pero realmente sigo sin entender cómo funciona la relación entre las autoridades deportivas y la prensa. Sin secretismos nos dicen continuamente, entonces, ¿cómo quedamos?

Quizás esa misma pregunta se hagan todos los peloteros que han jugado en la actual Serie Nacional. Desde noviembre se hizo público un nuevo sistema de pago, con aumentos salariales para todos; sin embargo, para sorpresa mía me confirman que, hasta el momento, los jugadores no han recibido ni un centavo de ese aumento. Además, concuerdo con el colega Joel García, en su “Decálogo del béisbol cubano”, tal vez lo peor sea que los directivos beisboleros ni siquiera se han acercado a los atletas para explicarles las causas del retraso. Este “limbo económico” daña y no poco la credibilidad (ya golpeada por no pocos hechos) de la Federación cubana.