La guerra de Oscar Pistorius


Nunca antes un atleta había intervenido en una Olimpiada y luego en la Paraolimpiada. Tampoco nadie había disputado una cita estival con ambas piernas amputadas.  Oscar Pistorius hará historia en Londres y aunque quizás no logre sobresalir sobre la pista, en los 400 metros o como parte del relevo de Sudáfrica, en realidad hace mucho tiempo que ganó la medalla olímpica de la perseverancia.

Pistorius nació sin sus peronés, por causa de un defecto congénito. A pesar de esta discapacidad, el sudafricano practicó diversos deportes en su juventud, incluso el rugby, donde es imprescindible moverse contantemente en el terreno. Una lesión durante un partido alejó al chico del rugby y lo condujo al atletismo.

A partir de 2004, Pistorius comenzó a utilizar unas modernas prótesis de carbono, denominadas Cheetah Flex-Foot, que fueron diseñadas por la empresa islandesa Ossur. Mientras se mantuvo en las competencias de atletas discapacitados, no hubo problemas; pero el sudafricano quería más y su petición para intervenir en la Olimpiada de Beijing, en 2008, provocó varias polémicas que se extienden hasta la actualidad.

La Federación internacional de atletismo (IAAF) le prohibió a Pistorius participar en la cita estival china. Pocos aplaudieron esa determinación; sin embargo, la organización se escudó detrás de la regla 144.2 que impide cualquier “ayuda técnica”. El sudafricano brilló en las Paraolimpiadas de Beijing; pero persistió en su empeño de correr en los certámenes más importantes.

Entonces el atleta realizó una apelación. El caso fue a juicio hasta que, finalmente, la Corte Arbitral del Deporte (CAS) desestimó el tecnicismo empleado por la IAAF. Por tanto, Pistorius no violaba ningún reglamento al utilizar las prótesis en sus dos piernas. Después de esa decisión, creció el debate sobre el supuesto “doping tecnológico”.

Varios científicos alegaron que las láminas de carbono, en forma de patas de felino, representaban una ventaja en la segunda vuelta a la pista; sin embargo, otros investigadores demostraron lo contrario. La CAS validó la reclamación de Pistorius, porque los estudios de la IAAF tenían una “parcialidad científica”.

La guerra por el “caso Pistorius” no parece tener fin. “Siempre habrá gente que debatirá, y siempre habrá un periodista dispuesto a escribir una opinión y cierto ángulo de una noticia. Habrá siempre alguien que quiera ganarse un nombre, y si tiene la plataforma, la aprovechará y dirá que lo mojado está seco y que lo verde es rojo”, declaró el sudafricano.

Frente a cada duda, Pistorius responde con una pregunta: “si las prótesis ofrecen una ventaja, ¿por qué ningún otro paralímpico bajó de los 50 segundos, en los 400 metros?” Tras el triunfo en la corte, Pistorius pudo competir en el Campeonato mundial de Daegú, Corea del Sur, en 2011. Su presencia tuvo una amplia cobertura mediática y, aunque quedó eliminado en la semifinal de los 400 metros planos, se marchó de la ciudad asiática con una medalla de plata, al participar en  el relevo de 4 x 400 de Sudáfrica.

Su siguiente reto fue intervenir en la Olimpiada de Londres y esta vez las complicaciones no estuvieron centradas en los permisos de la IAAF, sino en el tiempo mínimo exigido. Pistorius lo intentó varias veces, hasta que logró incluirse en la lista de 125 atletas que conforman la delegación de Sudáfrica.

En la capital británica, Pistorius volverá a competir en dos eventos: los 400 metros, en los que aspira a bajar de 45 segundos—su mejor marca es 45,07—y el relevo de 4 x 400 metros. Quizás lo más interesante sea que Pistorius probablemente permanezca en Londres, porque luego participará en la Paraolimpiada, desde el 29 de agosto. En este torneo correrá los 100, 200, 400 metros planos y formará parte del relevo sudafricano de 4 x 100 metros.

¿Se convertirá Pistorius en el primer atleta que gana medallas en Olimpiadas y Paraolimpiadas? En los 400 metros es muy difícil que llegue a la final; sin embargo, en el relevo las posibilidades aumentan, porque los sudafricanos ya sorprendieron en Daegú con el segundo puesto y, de seguro, tratarán de repetir esa actuación.

Pistorius asegura que las fibras de carbono con las que corre le provocan ampollas y dañan sus muñones. No obstante, las críticas contra sus prótesis tal vez no se detengan y podrían aparecer nuevos estudios sobre las “ventajas” de unos artefactos que, supuestamente, le permiten al atleta cansarse menos.

Quizás una medalla en Londres reviva el debate; pero, más allá de análisis y tablas estadísticas, lo que parece importar es la perseverancia de Oscar Pistorius. Su empeño por demostrarle al mundo—y especialmente a sí mismo—que puede correr en una Olimpiada trasciende los criterios de expertos y vale más que una medalla, de cualquier color.

Publicado en CubaSí

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido