Año de récords en la pelota cubana

Yoenis Céspedes impuso récord, pero no terminó como líder de jonronesDurante más de dos décadas el santiaguero Orestes Kindelán mantuvo el récord de 30 cuadrangulares en una misma temporada. Ni siquiera en la época de los grandes sluggers del béisbol cubano esa marca peligró; sin embargo, en las últimas Series Nacionales cuatro peloteros han inscrito su nombre en la lista de máximos jonroneros: Alexei Bell, Alfredo Despaigne, Yoenis Céspedes y José Dariel Abreu ¿Cómo entender estos rápidos movimientos en un récord que parecía irrompible?

La 50 Serie Nacional fue pródiga en marcas implantadas por los bateadores, especialmente en el departamento de cuadrangulares. Quizás la más esperada de todas, la triple corona ofensiva, finalmente no pudo concretarse, porque la gran sensación del campeonato, el cienfueguero Abreu, terminó en el segundo lugar entre los máximos impulsadores de carreras, superado por las 99 del granmense Céspedes.

Una lesión alejó a la primera base del equipo más ganador del torneo por 24 desafíos. Ese tiempo perdido fue muy costoso; pero también engrandeció más la actuación de Abreu. Su promedio ofensivo de 453 fue superior en ¡52 puntos! a su más cercano perseguidor, Michel Enríquez; además, en la última semana “Pito”—como lo llaman en Cienfuegos— se reencontró con los jonrones y disparó 33, un nuevo récord para la pelota cubana. Céspedes conectó la misma cantidad; pero tuvo 142 turnos oficiales al bate más que Abreu.
Aquí tenemos una situación curiosa: en realidad Céspedes fue el primer hombre en la historia de las Series en arribar a 33 vuelacercas, uno más que lo alcanzado por su compañero de equipo, Alfredo Despaigne, en 2009; pero 24 horas después, Abreu también llegó a 33 cuadrangulares y terminó con el título de máximo jonronero. ¿Cómo anotar esto en la Guía oficial del béisbol? De seguro aparecerán los dos nombres como recordistas; aunque en el acápite de líderes en jonrones únicamente estará Abreu.

En un campeonato dominado por los cuadrangulares, en el que tres  jugadores conectaron 30 o más, entre ellos el veterano santiaguero Reutilio Hurtado y 13 peloteros finalizaron con más de 21 ningún equipo despertó más temor en los lanzadores rivales que Granma. Esa selección se ha caracterizado siempre por una fuerte ofensiva; pero nunca antes había logrado cifras tan espectaculares como las obtenidas en la llamada “Serie de Oro”.

Los granmenses dominaron casi todos los renglones ofensivos colectivos, desde el promedio, 321, hasta el total de carreras anotadas, 629. Sin dudas lo más llamativo fue la fabulosa cifra de ¡147 cuadrangulares! que dejó atrás el récord impuesto por Sancti Spíritus la temporada anterior. La figura más importante fue Céspedes, aunque la frecuencia de vuelacercas de Despaigne resultó mejor. El cuarto bate totalizó 27 jonrones, en 93 turnos menos.

Frente a una ofensiva tan desbordada hubo pocas cosas significativas entre los lanzadores. Solo un pitcher, el villaclareño Freddy Asiel Álvarez, trabajó para menos de dos carreras limpias por juego y tal vez por primera vez en la historia un lanzador relevista, el cienfueguero Duniel Ibarra, ocupó los principales titulares en los medios de comunicación.

Cienfuegos fue, ampliamente, el mejor equipo de la temporada regular. Sus 59 triunfos representaron un récord para esa provincia y aunque el zurdo Norberto González ganó 13 desafíos y finalizó con un excelente promedio de 2,76, quizás la figura más importante del cuerpo de lanzadores haya sido Ibarra. En Cuba la especialización del pitcheo, un elemento imprescindible en el béisbol contemporáneo, raramente se aplica por los equipos. Cada vez es más difícil para los directores establecer quiénes son sus abridores, relevistas intermedios y cerradores.

El mánager de Cienfuegos, Iday Abreu, tuvo una estable rotación de sus lanzadores que siempre incluyó, en los innings conclusivos de los desafíos, a Ibarra. En total el “matador” participó en 40 de los 90 partidos de la selección y sus resultados fueron impresionantes: cinco triunfos, sin reveses, con 27 juegos salvados, un nuevo récord en las Series —anteriormente Vladimir García y Orestes González alcanzaron 25—, además, tuvo un brillante promedio de 1,72. Estas cifras serían suficientes para llevar al pequeño lanzador al equipo nacional.

Las pobres actuaciones de la mayoría de los lanzadores en la Serie, la utilización de bates de grafito y de una pelota ciertamente con mucho bote, como la Mizuno 150, han provocado no pocas polémicas sobre la “legitimidad” de las marcas ofensivas impuestas en la 50 Serie. Algunos fanáticos consideran que el récord de Kindelán debería mantenerse, porque lo consiguió en un menor número de partidos y en una etapa en la que la calidad de los lanzadores en Cuba era superior.

Si siguiéramos esta cadena de razonamientos pondríamos en duda todas las marcas de la pelota cubana. Los récords de bateo y pitcheo son cuantitativos  y aunque la frecuencia de jonrones de Kindelán en la Serie Selectiva de 1986 fuera inferior a la de Abreu o Céspedes, ellos fueron los primeros en disparar 33 jonrones, en un campeonato, y este es el récord que intentarán romper, en los próximos años, otros bateadores.

Publicado en Cubasí

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido