Historia de la Copa América de fútbol, el torneo de selecciones nacionales más antiguo del mundo

La versión inaugural del Campeonato sudamericano de fútbol, nombre con el que se conoció a la Copa América hasta 1975, se realizó en 1916, en Argentina; pero durante un tiempo los resultados de ese torneo no se tuvieron en cuenta, porque no fue celebrado oficialmente como Campeonato y ni siquiera se entregó un trofeo al campeón, que fue Uruguay, mientras los argentinos concluyeron en la segunda posición. Años después, la Confederación sudamericana (Conmebol) decidió reconocer al certamen, así que los goles y el título charrúa entraron en los libros de récords.

Historia del Campeonato sudamericano

En realidad la primera edición que pudiéramos considerar “seria”, del Campeonato sudamericano tuvo lugar en Uruguay, en 1917. Cuando el 30 de septiembre de ese año el árbitro argentino Germán Guassone sopló su silbato y dio comienzo al juego inaugural, pues probablemente no estaba consciente de que con su acción inscribía su nombre en la historia. Quizás al hombre vestido de negro solo le importaba, en ese momento, que los equipos de Chile y Uruguay protagonizaran un partido limpio.

Guassone no tuvo complicaciones en el primer encuentro, ni tampoco la selección celeste que celebró en casa un triunfo con goleada de 4 a 0 sobre los chilenos. Esa era, sin dudas, la mejor manera de comenzar un torneo que había despertado muchas ilusiones en el público uruguayo y los organizadores incluso pagaron la construcción de un estadio nuevo, situado cerca del muy famoso “Centenario”.

En esa época no había partidos finales, sino que se jugaba por el sistema de todos contra todos. Argentina y Uruguay ganaron sus dos partidos y todo quedó listo para el “clásico rioplatense”; pero una huelga estuvo a punto de terminar con los sueños de los fanáticos que añoraban ver el duelo entre las dos selecciones sudamericanas más completas de la primera mitad del siglo XX.

Los argentinos, luego de vencer a Chile, optaron por retornar a Buenos Aires, a la espera del desafío por el título, previsto para una semana más tarde. Eso hoy realmente no tendría sentido, porque parece una mejor idea descansar en el hotel y no tener que viajar tanto; sin embargo, en 1917 no había presupuesto para fastuosos hoteles, ni instalaciones de primer nivel para los entrenamientos, así que los gauchos optaron por prepararse en casa y regresar a Montevideo, con tiempo suficiente, a bordo de un barco. Hasta aquí todo bien; sin embargo, los directivos argentinos no tuvieron en cuenta que por esos días comenzaba una huelga de la Federación obrera marítima. El paro detuvo todas las acciones de los navíos.

La situación era desesperada para el equipo argentino. Faltaban apenas dos días para el desafío por el título y ellos seguían en la capital de su país. Los vapores que unían a Buenos Aires y Montevideo estaban allí, en el puerto; pero nadie podía operarlos, por lo que las dos ciudades estaban incomunicadas.

Ninguna gestión de los directivos funcionó y con menos de 48 horas para el comienzo del tan esperado partido, los argentinos decidieron que su única alternativa era acudir a los militares. La Marina de Guerra accedió a la petición y el equipo abordó una torpedera que los condujo hasta un pequeño pueblo, Colonia de Sacramento.

Esa fue una larga travesía por el río y los jugadores, mareados, poco pudieron dormir; pero los problemas no terminaron en tierra, pues luego los futbolistas argentinos subieron a un tren que, en cinco horas, recorrió los 160 kilómetros que separaban a Colonia de Montevideo.

Apenas diez minutos antes de que iniciara el desafío, los albicelestes finalmente lograron entrar al estadio “Parque de los Aliados”. Después de sufrir tantas penurias no era difícil predecir quién ganaría e incluso no pocos pensaron en otra amplia goleada uruguaya. Desde el palco de honor, el mandatario Feliciano Viera de seguro esperaba celebrar la victoria de su país.

Los pronósticos se cumplieron y ganó Uruguay; aunque no fue una paliza y un solitario gol resultó suficiente para que los charrúas alzaran la Copa. Por supuesto, el mejor momento del partido fue el único gol; sin embargo, hubo otra escena que difícilmente pueda ser olvidada. Habían transcurrido 70 minutos y el triunfo uruguayo estaba cada vez más cerca. En ese momento el delantero argentino Martín recibió un balón en el medio del terreno y avanzó hacia  la portería imbatida, que era custodiada por Cayetano Saporiti.

El guardameta local se lanzó sobre los pies del atacante y así evitó el gol del empate; pero en su esfuerzo recibió un fuerte golpe que lo dejó tendido sobre el campo. A Saporiti tuvieron que sacarlo en una camilla y Uruguay quedó con inferioridad numérica. Mala suerte, diríamos en estos tiempos; sin embargo, en 1917, el causante de la lesión, Martín, le pidió al árbitro que lo sacara del terreno para que los dos equipos continuaran jugando en igualdad de condiciones.

La actitud de Martín fue la de un caballero; aunque el capitán uruguayo, Pacheco, rechazó su gesto y le exigió que se mantuviera sobre la cancha. Uruguay se las arregló para resistir los ataques argentinos, con un hombre menos y pudo celebrar, junto a su público, la segunda de sus 15 conquistas del Campeonato sudamericano.

El primer siglo de la Copa América de fútbol

En un rápido resumen de su primera centuria podríamos concluir que no todas las épocas del certamen han sido felices, porque hubo interrupciones en su celebración; también deficientes organizaciones, múltiples cambios de estructura y un enorme desinterés por parte de no pocos países; sin embargo, a finales de la década de los ochenta cambiaron las cosas y la Copa América consolidó su prestigio como el torneo de selecciones nacionales de fútbol más antiguo que continúa celebrándose.

En las 46 ediciones del torneo, los uruguayos han sido los máximos triunfadores, con 15 coronas, por 14 los argentinos y más lejos aparece Brasil, con 9 títulos. Creo que nadie estará sorprendido al escuchar que estos tres países, sin dudas los de más tradición futbolística en nuestro continente, dominan la tabla de medallas de la Copa América.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

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