Una vida por la Copa Mundial de fútbol

Cada cuatro años más de 200 países intentan ganarla; pero solo los 32 mejores reciben la oportunidad de luchar hasta el final con el único objetivo de levantar  ese pequeño objeto de tamaño, aunque gigantesco si se analiza cuánto significa para una nación. Un trofeo que solo muy pocos elegidos han podido tenerlo en sus vitrinas: la Copa que reciben los campeones mundiales de fútbol.

En la historia de ocho décadas de los Mundiales se han confeccionado dos trofeos: la Copa Jules Rimet, que recibieron los monarcas entre 1930 y 1970 y luego la Copa FIFA que es la que han levantado los titulares desde la cita de 1974.

En los inicios de los Mundiales, el trofeo fue llamado “Victoria”; aunque en 1946 adoptó el nombre de Jules Rimet quien fue un hombre muy influyente y jugó un rol determinante en la creación de los Mundiales del más universal de los deportes.
La obra estaba confeccionada con plata esterlina, enchapada en oro y representaba a la diosa griega de la victoria, Niké. El trofeo fue diseñado por el francés Abel Lafleur. Sus dimensiones eran pequeñas, apenas medía 35 centímetros de alto y pesaba cerca de ocho libras y media.

La Copa llegó a la sede del primer Mundial en el mismo barco que llevó desde Francia hasta Uruguay al titular Jules Rimet y a otras selecciones europeas. Los locales jugaron mejor y vencieron a los argentinos en el encuentro final por 4 goles a 2, por lo que los charrúas tuvieron el honor de levantar la Copa Victoria.

Cuatro años más tarde, Italia ganó el Mundial y repitió el éxito en 1938. Entonces llegó la Segunda Guerra Mundial y la Copa vivió una pequeña odisea, porque estuvo escondida nada menos que dentro de una caja de zapatos durante algunos años para evitar que los nazis se apoderaran de ella.

La idea se le ocurrió a Ottorino Barassi, quien era el presidente de la Asociación italiana de fútbol y también vicepresidente de la FIFA. Cuando se desató el conflicto bélico, Barassi retiró en secreto la Copa de un banco romano y la guardó en la caja de zapatos.

Después del final de la conflagración, el Mundial se reanudó con la versión celebrada en Brasil, en 1950 y allí los uruguayos sorprendieron con su espectacular éxito, reconocido por la historia como el “Maracanazo”. Un poco antes de esta cita, la FIFA había decidido honrar a Rimet y, en lugar de Victoria, la Copa comenzó a llamarse Jules Rimet.

No obstante, la entrega del trofeo se vio en peligro en 1966. En marzo de ese año, cuatro meses antes del comienzo de la cita de Inglaterra, los organizadores se llevaron el susto de su vida cuando alguien sustrajo la Copa Jules Rimet  de una iglesia de Westminster, donde estaba en exhibición.

Durante una semana el mundillo del fútbol se debatió en la incertidumbre de no conocer el paradero de la Copa. En la octava jornada, una noticia asombró a todos: había aparecido el trofeo y el descubridor del trofeo había sido Pickles…un perro.

El can encontró la Copa en el jardín de una casa, envuelta en un periódico y esto fue fundamental para condenar al ladrón a dos años de prisión. Pickles saltó a la fama y fue mostrado el día de la inauguración del evento. Esta fama llegó a ser mundial porque el campeonato de 1966 fue el primero en ser transmitido por vía satélite. Además, Pickles recibió otra recompensa, que de seguro agradeció más: pudo lamer los platos del banquete inaugural del Mundial.

En 1970 Brasil conquistó por tercera ocasión la Copa Jules Rimet y de acuerdo con lo estipulado por el francés cuando aceptó que su nombre apareciera en el trofeo, el tricampeón pudo quedarse, supuestamente para siempre, con la Copa.

El añorado trofeo se mantuvo en las vitrinas de la Confederación brasileña hasta el 19 de diciembre de 1983. Ellos pensaban que estaba segura, pues un cristal antibalas recubría la vitrina; sin embargo, esta tenía un fondo de madera, lo cual fue aprovechado por cuatro habilidosos ladrones quienes robaron el preciado objeto.

Los estafadores fueron capturados y juzgados; pero nunca se pudo recuperar la Copa que todo parece indicar que fue fundida, para aprovechar la plata y el oro. Sin dudas un triste final para la Copa por la que lucharon varias de las generaciones más brillantes de futbolistas brasileños.

Desde 1974 la FIFA ha entregado un trofeo, llamado simplemente Copa FIFA, la cual fue diseñada por Silvio Gazzaniga y mide casi exactamente igual que su predecesora, solo que pesa más, 11 libras, y está hecha de oro sólido, de 18 quilates.

El trofeo muestra a dos seres humanos que sostienen una pelota de fútbol que también representa a la Tierra. El nombre de cada nación ganadora de un Mundial es tallado en la Copa y la FIFA recoge en sus estatutos que no entregará de forma definitiva el trofeo a ningún país, sino que después de que el campeón lo tenga en su poder por cuatro años, entonces la FIFA lo retira y le entrega al monarca una réplica de la Copa; aunque solo con un baño de oro, no de oro sólido, como la original.

Si nos guiáramos por la cantidad de espacio que queda libre en la base de la Copa FIFA, donde se tallan los nombres de los titulares, esta no se llenará hasta la cita de 2038. ¿Qué equipos completarán esos espacios? ¿Qué sucederá cuando ya no quede ni un centímetro para colocar a un país? ¿Entregará la FIFA su trofeo de oro sólido? Son demasiadas preguntas que solo el tiempo podrá responder.

Publicado en Habana Radio

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido

2 comentarios sobre “Una vida por la Copa Mundial de fútbol

  • el 27 junio, 2010 a las 2:48 pm
    Permalink

    ¡VIVA MEXICO!

    • el 28 junio, 2010 a las 1:51 pm
      Permalink

      Saludos…lástima lo del gol ilegal de Tévez y los disparos contra el palo de Salcido, pero Argentina fue mejor. Una vez más México no puede jugar su quinto partido en un Mundial. Esperemos que tenga mejor suerte en Brasil 2014

Comentarios cerrados.