
El ajedrez clásico acaba de dar un paso que muchos consideraban inevitable. Sin estridencias, pero con una visión clara de futuro, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) aprobó una actualización clave de su normativa: a partir de este año, determinados torneos disputados con ritmos de 45 minutos más 30 segundos por jugada (45+30) o 60+30 podrán computar oficialmente para para el ELO estándar otorgarán normas de títulos.
No se trata de una ruptura con la tradición, sino de una adaptación inteligente. El ajedrez, como deporte global, necesitaba una respuesta realista a los cambios de agenda, costos y consumo deportivo del siglo XXI. Y la FIDE ha decidido darla. Mejor tarde que nunca.
¿En qué consiste exactamente el cambio?
La decisión, adoptada por el Consejo de la FIDE tras un programa piloto en 2025, establece que torneos con ritmos más cortos que el clásico tradicional —pero claramente distintos del rápido— podrán ser considerados ajedrez estándar, siempre que cumplan criterios estrictos.
El experimento no fue menor. Incluyó eventos de alto nivel, como el Campeonato Mundial Femenino por Equipos de Linares, y recogió valoraciones positivas de jugadoras, grandes maestros, árbitros y organizadores. Ese consenso fue clave para pasar de la prueba a la norma.
Desde ahora:
- 45+30 y 60+30 se reconocen como ritmos estándar.
- Solo aplicará a torneos mayores o tradicionales, previamente aprobados.
- El control y la supervisión recaen en la Comisión de Calificación (QC).
Menos días, más ajedrez (y menos gastos)
Uno de los grandes impactos de esta medida es logístico y económico. Un torneo abierto fuerte que antes requería nueve o diez días ahora puede resolverse en cinco o seis jornadas, sin sacrificar profundidad estratégica ni calidad de juego.
Esto supone:
- Menores costos de alojamiento y viajes.
- Menos días fuera de casa para los jugadores.
- Mayor viabilidad para organizadores medianos.
- Más atractivo para patrocinadores y sedes.
En un circuito cada vez más exigente, donde muchos profesionales viven al límite financiero, esta flexibilización puede marcar la diferencia entre jugar o no jugar.
La voz de la FIDE: modernizar sin trivializar
El mensaje institucional ha sido claro. Para el presidente de la FIDE, Arkady Dvorkovich, el objetivo no es acelerar el ajedrez por moda, sino alinearlo con el ritmo del deporte moderno:
“Estamos adaptando el ritmo del deporte contemporáneo, preservando la calidad y la esencia del juego”.
La frase resume bien la filosofía detrás de la norma. El ajedrez sigue siendo ajedrez: preparación profunda, finales largos, decisiones críticas bajo presión. Pero ahora, con una dinámica que dialoga mejor con el público, los medios y los propios protagonistas.
No es para todos
La FIDE ha sido cuidadosa en no “abrir la compuerta” indiscriminadamente. Este no es un cambio automático ni universal.
Para que un torneo 45+30 o 60+30 sea válido como estándar debe:
- Ser aprobado previamente por la Comisión de Calificación.
- Contar con respaldo federativo nacional o continental.
- Tener historia y fortaleza competitiva comprobada.
- Respetar un máximo de dos rondas por día, evitando el desgaste excesivo.
Los organizadores deberán presentar su solicitud con antelación, y la QC evaluará caso por caso. Es decir, flexibilidad sí, pero con gobernanza.
¿Y las normas de títulos?
Quizás el punto más sensible era el de las normas de Gran Maestro, Maestro Internacional y otros títulos oficiales. La FIDE ha sido especialmente prudente aquí.
La regla es clara:
- Se podrán obtener normas en estos torneos.
- Solo una norma por título podrá provenir de eventos con estos ritmos.
El ajedrez gana oxígeno
Creo que este cambio es positivo y necesario. No empobrece el ajedrez clásico; lo hace más viable. No reemplaza la tradición; la actualiza.
El ajedrez no puede vivir de espaldas a la realidad económica de sus jugadores ni a la forma en que hoy se consume el deporte. Ritmos como el 45+30 mantienen la esencia estratégica, pero permiten torneos más compactos, narrativas más intensas y calendarios más humanos.
La FIDE no ha roto el tablero. Ha ajustado el reloj. Y, en este caso, parece haber movido en el momento justo.
