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FIDE y Freestyle Chess pactan tablas… y crean (otro) Campeonato Mundial

Durante meses, el ajedrez vivió una guerra fría —a ratos muy caliente— entre la FIDE y Freestyle Chess. Amenazas legales, comunicados cruzados, declaraciones incendiarias y, en el centro del tablero, Magnus Carlsen, el jugador más influyente de la era moderna. Hoy, contra todo pronóstico, ambas partes anuncian un acuerdo. Y con él, nace —otra vez— un nuevo Campeonato Mundial.

No es solo una noticia deportiva. Es un movimiento político dentro del ajedrez global, un pacto de conveniencia que redefine poder, legitimidad y negocio en un ecosistema cada vez más fragmentado

De la guerra abierta a la “paz”

El conflicto no surgió de la nada. El formato Freestyle, conocido históricamente como Chess960 o Fischer Random, llevaba años orbitando en los márgenes del ajedrez clásico. FIDE había organizado Mundiales en 2019 y 2022, con Wesley So y Hikaru Nakamura como campeones.
Pero tras cancelar el ciclo previsto para 2024, el vacío fue ocupado por Freestyle Chess, una estructura privada, financiada por capital de riesgo y liderada por el empresario alemán Jan Henric Buettner.

La apuesta era clara: circuito propio, narrativa fresca y el mayor activo posible, Carlsen como cofundador y rostro visible. El problema fue el nombre. Freestyle quiso coronar a un “campeón mundial”, algo que FIDE considera prerrogativa exclusiva. El choque fue frontal. Carlsen habló de “guerra total” con la federación. FIDE recordó que ningún Mundial existe sin su aval. El ajedrez, una vez más, parecía repetir su historia de cismas.

Un Mundial conjunto… bajo bandera FIDE

El acuerdo anunciado esta semana cambia el relato. Del 13 al 15 de febrero, en Weissenhaus (Alemania), se disputará el primer Campeonato Mundial Oficial de Freestyle, organizado conjuntamente por FIDE y Freestyle Chess, pero gobernado reglamentariamente por FIDE.

La letra pequeña es reveladora: ninguna competición podrá llamarse “Campeonato Mundial” sin consentimiento escrito de la federación. Freestyle acepta ese marco a cambio de reconocimiento oficial y continuidad histórica con los Mundiales Fischer Random anteriores.

El formato será rápido y compacto:

  • 8 jugadores
  • Fase todos contra todos (10+5)
  • Eliminatorias a cuatro partidas (25+10)
  • Premio total de 300.000 dólares, con 100.000 para el campeón

Seis clasificados llegan desde el Grand Slam 2025, incluido Carlsen, Levon Aronian, Fabiano Caruana y Arjun Erigaisi. Freestyle eligió a Hans Niemann; FIDE completará el cuadro con un clasificatorio online.

¿Paz estratégica o tregua temporal?

Desde FIDE, el mensaje es inequívoco. Su presidente Arkady Dvorkovich habla de “marco claro y transparente” y reafirma a la federación como “único órgano rector del ajedrez mundial”.
Freestyle, por su parte, acepta la jerarquía institucional, pero gana algo igual de valioso: legitimidad deportiva.

Ambos necesitan este acuerdo. FIDE, para evitar que surja un “mundial paralelo” con Carlsen como estandarte. Freestyle, para no quedar reducido a un circuito espectacular pero sin corona oficial. Es un pacto de tablas, no de jaque mate.

La otra cara del tablero: saturación de títulos

El problema es sistémico. El ajedrez vive una inflación de campeonatos: clásico, rápido, blitz, equipos, olímpico, Freestyle… y ahora también el Total Chess World Championship anunciado por FIDE para 2027. Cada nuevo título busca atraer audiencias, patrocinadores y formatos más televisivos. Pero también diluye la noción de “campeón del mundo”.

¿Puede el aficionado seguir este calendario sin perderse? ¿Puede el jugador preparar tantos picos competitivos? ¿Y puede el ajedrez mantener prestigio cuando casi cada variante tiene su propia corona?

Un Mundial que dice más de política que de ajedrez

Este nuevo Campeonato Mundial de Freestyle no nace de una evolución natural del juego, sino de una negociación de poder. Es la institucionalización de un conflicto, no su cierre definitivo.

FIDE conserva el control simbólico. Freestyle mantiene a Carlsen, al espectáculo y al capital privado. El tablero queda equilibrado… por ahora.

La pregunta no es quién ganará en Weissenhaus. La pregunta es cuánto durará esta paz antes del próximo choque entre tradición, negocio y estrellas. Porque en el ajedrez moderno, incluso las tablas suelen ser solo una pausa antes de la siguiente partida.

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