Grandes Ligas y el veto a las formaciones especiales, ¿para qué arreglar lo que no está roto?

Grandes Ligas tiene un problema o cree tenerlo: en la temporada 2018, el promedio de bateo colectivo fue de 242, el más bajo desde 1972. En un deporte – negocio donde, al parecer, lo más importante es que las pelotas viajen más allá de las cercas porque eso, supuestamente, es lo que los fanáticos quieren ver no es posible que cada vez haya menos ofensiva. Probablemente no pocos directivos extrañen aquellos tiempos en que hasta cinco jugadores conectaban más de 50 jonrones por año. Ya sabemos que no pocos de esos batazos fueron impulsados por esteroides, pero poco importaba con tal de llenar los estadios. ¿Quién es el “culpable” de ese descenso en la “acción”? Para Grandes Ligas eso está claro: la utilización de las formaciones especiales defensivas.

Los datos compartidos por The Athletic muestran la caída ofensiva: en 2018 se conectó la menor cantidad de hits sencillos (26 322) del siglo XXI y 3000 menos que en la pasada década; además, la temporada anterior hubo la menor cantidad de hits de rollings (13,213) desde que Grandes Ligas se expandió a 30 equipos. Las posibilidades de que un bateador zurdo alcanzara una base al conectar un batazo por la zona derecha del campo cayó a su rango más bajo en 15 años. Al mismo tiempo, el total de formaciones especiales defensivas empleadas por los equipos creció notablemente.

De acuerdo con Jorge Morejón, de ESPN, en 2008 “la táctica de mover a todos los defensores a un solo lado del infield se puso en práctica 65 veces y un año después se cuadruplicó, al llegar a 260. Para el 2010 se aplicó 443 y cuando parecía que seguiría creciendo, bajó a 297 en el 2011, antes de repuntar hasta 397 en el 2012. A partir de ahí, fue como una avalancha de nieve, indetenible, que llegó a 465 formaciones especiales en el 2013, 562 (2014) y 912 (2015). Fue entonces que el recién estrenado comisionado Rob Manfred habló por primera vez de prohibir esto que ya forma parte de las estrategias del juego. En el 2016, los shifts superaron el millar por primera vez (1,419) y alcanzaron cinco dígitos en el 2017 y 2018, con 27 mil 187 y 31 mil 836, respectivamente.”

En las reuniones invernales de Grandes Ligas, el Comisionado Manfred recibió un “fuerte respaldo” por parte del comité de competición para limitar el uso de las formaciones especiales, en lo que sería el primer paso para vetar por completo estas formaciones. No sé si alguna vez llegaremos a este punto radical; pero considero que Grandes Ligas erró al identificar a ese “enemigo” y está tratando de arreglar algo que, definitivamente, no está roto.

Las formaciones especiales defensivas deberían verse como lo que son: una evolución en el juego. En la era de la sabermetría los equipos tratan de encontrar la menor debilidad en el rival para aprovecharla a su favor. Si un bateador tiende a “halar para su mano” y la mayoría de sus batazos llegan por la zona izquierda o por la derecha, es comprensible que  los jugadores a la defensiva cubran esos espacios; sin embargo, para los que quieren que el béisbol siga inmóvil el hecho de que un torpedero cubra detrás de la segunda base es una imagen horrible que daña la esencia del juego. Ese pensamiento arcaico, increíblemente, tiene muchos seguidores.

Para esos “puritos del béisbol”, el aumento en la cantidad de ponches (tope máximo histórico en 2018)…también es culpa de las formaciones especiales, ya que los bateadores tratan de dirigir la pelota hacia el lado opuesto de la formación y, por tanto, establecen menos contacto. Siguiendo esta “línea de pensamiento”, entonces al vetar el shift el juego volverá a tener más acción, es decir, más hits y carreras anotadas.

¿Cómo piensan vetar las formaciones especiales? ¿Asignarán un área específica del terreno a cada defensor? Pero, ¿cómo determinar esas zonas? Si un pelotero saca un pie de esa zona, ¿qué hará el árbitro?

Esos “puritos” del béisbol fallan en no pocas cosas. El descenso en la ofensiva no se debe a las formaciones especiales, sino a que los bateadores han sido incapaces de diversificar su aproximación a cada turno, al mismo tiempo, la especialización en el pitcheo ha transformado la manera en que los equipos preparan y juegan cada partido. A los abridores se les pide cinco innings de calidad y luego entran los cuerpos de relevistas, compuestos por lanzadores que, en su inmensa mayoría, no solo tienen rectas superiores a las 95 millas, sino que manejan diferentes tipos de lanzamientos. Esa es la verdadera causa del descenso ofensivo.

Mientras otros deportes han modificado no pocas de sus reglas, el béisbol sigue anclado en sus cimientos tradicionales. Las repeticiones televisivas, las formaciones especiales, los constantes cambios de lanzadores son solo una evolución en el juego y… no tienen marcha atrás.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

2 comentarios sobre “Grandes Ligas y el veto a las formaciones especiales, ¿para qué arreglar lo que no está roto?

  • el 20 diciembre, 2018 a las 5:54 am
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    Miguel..El contrato de Cuba con la MLB aqui se pregunta si le pagan directo a los peloteros o a Cuba como los medicos??
    Saludos
    CA

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    • el 30 diciembre, 2018 a las 2:36 am
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      Saludos! El pago por la liberación del pelotero es único, al mismo estilo que el «sistema de post» en Japón: la Federación cubana recibiría un único pago, en relación con el contrato que obtenga el pelotero. Las cifras oscilan entre el 5% y el 25% de ese primer contrato, pero esto no afecta al salario del pelotero, es decir, el club de MLB tendrían que pagar el contrato del atleta (íntegro) + bono a la Federación cubana. Aquí entran a jugar luego los impuestos, porque debería abonar en EE.UU…y como residente en Cuba tendría que hacer declaración jurada por los ingresos obtenidos.

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