Rocky Marciano, el trágico destino de un campeón invicto

Su nombre era Rocco Francis Marchegiano; pero todos le decían Rocky Marciano y así entró en la historia del boxeo este formidable peleador, el único campeón mundial de los pesos pesados que se retiró con un récord invicto.

Rocco tenía 21 años cuando se produjo el ataque japonés a Pearl Harbor, en 1941, y los Estados Unidos entraron a la Segunda Guerra Mundial. El llamado a las filas no demoró en aparecer y el joven fue enviado a Gales. Allí ayudaba a cargar los barcos que navegaban hasta Normandía. A Rocco le parecían cada vez más lejanos los días en que soñaba con ser pelotero, para así ganar dinero y ayudar a sus padres y a tres hermanas. La realidad fue más fuerte y el chico pasó por diversos oficios. Además, tampoco sobresalió en los terrenos de béisbol. Mientras esperaba su licenciamiento del Ejército, en 1946, Rocco probó suerte con el boxeo.

Entre las cuerdas las cosas salieron mejor para Marchegiano, porque ganó el campeonato amateur del Ejército. Esa decisión cambiaría por completo su vida. Durante la siguiente década todo giraría alrededor del cuadrilátero y aunque no tenía una gran estatura, Rocco sabía golpear fuerte. Los rivales temían el ímpetu del aquel blanco, con apellido italiano, que buscaba terminar siempre los combates por knockout.

En 1947 finalmente llegó la liberación del Ejército. A pesar de los fracasos anteriores, Rocco quiso probar, por última vez, su talento en la pelota. Entonces se unió a un grupo de amigos que marcharon a Carolina del Norte, para entrenar con Fayetteville, un equipo que pertenecía a la franquicia de los Cachorros de Chicago, en las Grandes Ligas. Rocco fue sacado de la selección después de solo tres semanas de práctica. Los técnicos pensaban que no lanzaba con suficiente fuerza. Ya no quedaba nada más por hacer. El boxeo era el deporte triunfador y, a partir de 1948, Rocco comenzó a abrirse camino en los rudos, complejos, discriminatorios, cuadriláteros.

Una de las primeras cosas que hizo Rocco al entrar de lleno al profesionalismo fue cambiarse el nombre. El anunciador de los combates no lograba pronunciar bien el apellido Marchegiano, así que Rocco pensó en un seudónimo más creativo. Comenzó por Rocky Mack; pero terminó por adoptar el que lo haría famoso, Rocky Marciano.

Entre 1948 y 1951 Rocky recorrió varias de las principales arenas de Estados Unidos. Había adquirido fama, gracias a su poderosa pegada; aunque sus críticos no se cansaban de señalar que, hasta ese momento, no se había enfrentado a rivales importantes. Esas ideas probablemente hayan desaparecido después del duelo de 1951, entre Rocky y el gran Joe Louis. Los mejores tiempos del llamado “Bombardero de Detroit” habían quedado atrás; pero su nombre continuaba atrayendo. Louis era uno de los ídolos de Rocky; sin embargo, eso no detuvo la golpiza. Marciano ganó sin complicaciones y Louis decidió que el retiro definitivo no podía esperar más.

Después del importante triunfo, Rocky y sus entrenadores buscaron una pelea por la corona mundial. Hubo algunas reticencias, hasta que quedaron fijados los términos para el combate contra el veterano de 38 años, Joe Walcott. Filadelfia acogió al duelo y parecía que la experiencia de Walcott se impondría, porque en el primer round un derechazo llevó a Rocky a la lona; no obstante, una de las características principales de su boxeo fue la extraordinaria capacidad de recuperación. Cuando en el decimotercer asalto Walcott descuidó su defensa, entonces por ahí penetró la potente derecha de Rocky que dejó inconsciente al rival.

De esta espectacular forma, el chico zapatero, el soldado, el frustrado pelotero se convirtió en campeón del mundo. Rocky defendió exitosamente su título de monarca de los pesos pesados en seis ocasiones. Dos de esas peleas fueron ante otra gran figura del pugilismo, Ezzard Charles. El veterano peleador le hizo una tenaz resistencia a Rocky. Durante 15 asaltos no dieron ni pidieron tregua; aunque, al final, el campeón obtuvo más puntos en las tarjetas de los jueces.

En el siguiente encuentro, Marciano dejó fuera de combate a Charles en el primer round. Nadie parecía capaz de detener al monarca y no pocos pensaban que se mantendría como campeón por otro lustro más; sin embargo, en 1957, a los 34 años, Rocky entendió que era el momento preciso de abandonar los cuadriláteros. El rey dejaba invicto su trono como el único peso pesado que nunca perdió un combate y obtuvo 49 triunfos, 43 de ellos por KO.

El final del brillante peleador fue trágico. Todo marchaba bien su vida porque, a diferencia de otros atletas, él no tenía problemas económicos. En la noche del 31 de agosto de 1969 decidió abordar un avión que lo conduciría hasta Des Moines, en Iowa, el sitio donde lo esperaba su esposa, para juntos celebrar el cumpleaños 46 del campeón. El avión nunca llegó a su destino.

El Cessna 172 entró en una zona de mal tiempo y el inexperto piloto trató de aterrizar en un pequeño campo, en las afueras del pequeño poblado de Newton; sin embargo, golpeó un árbol, cuando faltaban pocos kilómetros para llegar a la pista. Rocky Marciano nunca perdió un combate profesional y casi siempre tuvo el control sobre lo que sucedía en el cuadrilátero; pero nada pudo hacer para evitar el desastre.

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Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido