Braun y los “valiosos” esteroides

Ryan Braun siempre había quedado fuera de los escándalos. El jardinero izquierdo de los Cerveceros de Milwaukee parecía un pelotero modelo y en la temporada 2011lideró a su equipo hacia el primer título de división en las Grandes ligas. Su ofensiva fue fundamental para que lo nombraran como el jugador más valioso (MVP) de la Liga nacional; sin embargo, poco después se supo que tuvo un “pequeño fallo”: dio positivo en un examen antidoping.

Como ha sucedido tantas veces con otros deportistas, Braun apeló el resultado, ya que, según él, sus elevados niveles de testosterona se debían al uso de determinados medicamentos. “Cada persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, dice una regla inviolable del derecho; pero sucede que, en el béisbol, no solo el que se juega en las Mayores, casi siempre el humo ha conducido al fuego.

Quizás lo más lógico hubiera sido que los directivos de MLB esperaran por la apelación para finalmente ratificar o retirar el premio MVP; sin embargo, no sucedió así, porque Braun—miembro del equipo norteamericano en el segundo Clásico mundial, en 2009—participó en la ceremonia y recogió su trofeo. Si el tribunal que analiza el caso determinara que el “consumo de medicamentos” fue una burda excusa, el pelotero recibiría una suspensión de apenas 50 partidos en la campaña 2012.

Antes de 2002 todos sabían sobre el empleo de sustancias prohibidas en las Mayores; pero nadie se atrevía a tomar medidas. Era la época de gloria para los bateadores y la cantidad de jonrones crecía cada año. Luego supimos que muchos de esos cuadrangulares que cayeron a más de 400 pies fueron impulsados por esteroides. Como parte del acuerdo colectivo, los jugadores y los propietarios de las franquicias decidieron comenzar un tímido programa de “pruebas anónimas” en 2003.

Los resultados se mantuvieron en secreto; aunque, sin dudas, fueron alarmantes y en 2005 MLB puso en práctica una nueva política sobre las sustancias prohibidas. Por primera vez se habló de suspensiones y a pesar de que el número de juegos lucía poco intimidante—solo 10 desafíos por una prueba positiva—al menos algunos jugadores lo pensaron antes de volver a tomar esteroides.

Luego, al recibir fuertes críticas, MLB decidió elevar la sanción a 50 partidos para los que violaran el código en una ocasión; mientras los reincidentes recibirían un castigo de 100 juegos.

Contradictoriamente, los casos más famosos del béisbol, como los de Barry Bonds y Roger Clemens, no fueron detectados en los exámenes antidoping, sino mediante la investigación de la “comisión Mitchell”—un reporte publicado en 2007, en el que se identificaron las trampas de casi 100 jugadores—y por las  declaraciones de personas, por lo general entrenadores, implicados en el tráfico de esteroides.

Durante los seis años de funcionamiento de la política contra las sustancias prohibidas, solo un pelotero ha cometido la torpeza de recibir dos positivos: Manny Ramírez. Los 100 partidos de castigo en realidad fueron muy pocos para este egocéntrico jugador que, alguna vez, estuvo considerado entre los mejores bateadores de todos los tiempos.

En el nuevo convenio laboral, firmado en 2011, finalmente se aceptó lo que tampoco era un secreto: la necesidad de incluir en las pruebas de sangre la búsqueda de la hormona de crecimiento humano. De esta manera, la MLB se convirtió en la primera liga profesional norteamericana que realizará ese tipo de medición. ¿Por qué tardaron tanto? Los ejemplos estaban sobre la mesa desde 2007. ¿Qué sucede con la NFL, NBA o NHL? Mientras los directivos de esos torneos no aborden el tema, las demostraciones físicas que hoy asombran en el fútbol americano y el baloncesto estarán acompañadas por la sombra de la duda.

Las cifras indican que el total de cuadrangulares en las Mayores descendió notablemente en el pasado lustro. En 2006 hubo 5386 jonrones; mientras en 2011 se conectaron 4552, es decir, 834 menos, con la misma pelota—Rawlings—y cantidad de partidos jugados. En los últimos tres años solo un atleta, José Bautista, sobrepasó los 50 vuelacercas. ¿Qué cambió? Tal vez los peloteros lo piensan mucho más ahora antes de inyectarse o ingerir sustancias prohibidas.

Quizás no sea arriesgado afirmar que, a pesar de las sospechas sobre Braun y de las sanciones que recibieron otros peloteros en 2011, en realidad las políticas antidoping en las Grandes ligas han dado sus primeros resultados. No obstante, si realmente la MLB quisiera detener, por completo, a los tramposos, implementaría las reglas de la Organización mundial antidopaje. Esta entidad tiene una lista más extensa de sustancias prohibidas y, sobre todo, castiga con dos años de separación a los infractores. Entonces sí podríamos volver a confiar en la limpieza de un deporte que necesita, como todos, ser creíble.

Publicado en CubaSí

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido