
Lionel Messi anunció su retiro de la selección argentina y, aunque la noticia era previsible, no deja de representar el cierre de una etapa excepcional. Durante veinte años fue el principal referente del equipo albiceleste, atravesó derrotas muy duras, soportó cuestionamientos constantes y terminó construyendo una trayectoria que lo coloca, sin discusión, entre los grandes símbolos de la historia del fútbol.
Para mí, además, se retira mi jugador favorito.
No hace falta exagerar la despedida para entender su dimensión. Messi deja la Albiceleste a los 39 años, después del Mundial de 2026 y tras una carrera internacional en la que consiguió aquello que durante mucho tiempo parecía negársele: ganar con Argentina.
Una historia que tardó en encontrar la gloria
La relación de Messi con la selección nunca fue sencilla. Durante años se le exigió mucho más que a cualquier otro futbolista. Cada derrota argentina terminaba convertida en un juicio sobre su liderazgo, su carácter o incluso su compromiso con el país.
Perdió finales importantes. Renunció brevemente a la selección tras la Copa América 2016. Regresó. Siguió intentándolo. Y finalmente llegaron los títulos.
La Copa América de 2021 modificó definitivamente el relato. Después llegó el Mundial de Qatar 2022, probablemente el momento culminante de su carrera internacional, y posteriormente una segunda Copa América.
A partir de entonces ya no había una deuda pendiente. Messi había ganado todo lo importante con Argentina.
El final no tenía que ser perfecto
Su último Mundial terminó con una derrota ante España en la final. No fue el cierre ideal, pero tampoco necesitaba serlo. El fútbol tiene esa particularidad. Muy pocas carreras terminan exactamente en el instante de mayor gloria.
Messi pudo haberse retirado después de Qatar 2022 y habría quedado una imagen perfecta. Eligió continuar porque todavía tenía motivación, porque seguía siendo competitivo y porque Argentina todavía encontraba en él una pieza importante.
Ese último tramo también forma parte de su historia. No cambia el balance.
Una selección que ahora debe mirar hacia delante
La retirada de Messi obliga a Argentina a iniciar una transición que durante años fue aplazando.
No se trata únicamente de sustituir a un futbolista. Durante mucho tiempo, buena parte del juego ofensivo, del liderazgo y hasta de la identidad del equipo giró alrededor de su figura. Ahora llegará otra etapa. Probablemente más colectiva y necesariamente diferente.
Ese será también el verdadero desafío para la selección argentina: aprender a competir sin esperar que el número 10 resuelva aquello que parecía imposible.
He seguido la carrera de Messi durante prácticamente toda su etapa profesional y sigo considerando que es el mejor futbolista de todos los tiempos. Pero su legado con Argentina no depende únicamente del talento. Está también en la persistencia.
Pudo abandonar definitivamente después de tantas derrotas y críticas. No lo hizo. Regresó, insistió y terminó levantando la Copa del Mundo. Por eso su despedida merece reconocimiento, pero también perspectiva.
Messi deja la selección con una trayectoria completa. Con derrotas, frustraciones, títulos y una influencia difícil de repetir. No se va en la cima absoluta. Se va cuando entiende que llegó el momento.
Y probablemente esa sea la mejor manera de cerrar una historia que ya no necesita ninguna página adicional para ser extraordinaria.
