Teoría de la conspiración: pelotas trucadas causan descenso ofensivo en playoff de Grandes Ligas

A mediados de la temporada 2019, Justin Verlander, probable ganador del Cy Young de la Liga Americana, declaró que creía que las pelotas trucadas utilizadas en Grandes Ligas habían sido las causantes del frenesí ofensivo. La Oficina del Comisionado juró y perjuró que la Rawlings—empresa que les pertenece—no tenían ningún cambio significativo; aunque, ciertamente, el récord de 6676 jonrones, 671 más que la anterior marca fijada en 2017, dejaba lugar a las dudas.

Ahora, en los playoff, ha surgido otra teoría: según ejecutivos de los Cardenales de San Luis, las pelotas trucadas habían incidido en que los batazos recorrieran, como promedio, 4,5 pies menos que en la campaña regular. El investigador Rob Arthur publicó un análisis en Baseball Prospectus donde, a partir de datos oficiales de la MLB, demostraba el cambio en la trayectoria asumida por las bolas al ser golpeadas.

Esto dio nuevos argumentos a los defensores de la teoría de la conspiración. Si antes MLB buscaba que los jonrones sirvieran como atractivo para los partidos, ahora la organización trataba de que los playoff no se convirtieran en un festival de batazos que alargara todavía más los partidos. Ambas suposiciones están equivocadas.

Los Cardenales parecen estar muy preocupados por este tema, sobre todo después de perder los dos primeros partidos, en casa, ante los Nacionales de Washington, en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional; pero, ¿en serio alguien puede creer que si un equipo anota una carrera y dispara cuatro hits en 18 innings es porque MLB está utilizando una pelota menos viva?

Otros “teóricos” aducen que las pelotas trucadas también tuvieron su rol en la barrida de los Mellizos de Minnesota, ya que, ¿cómo era posible que el equipo que impuso un récord de cuadrangulares se viera tan mal ante los Yankees de Nueva York? Otros culpan a esa bola del revés de los Dodgers, porque el batazo de Will Smith, en el noveno inning, del quinto partido, en “otro momento” hubiera sobrepasado la cerca del Dodgers Stadium, pero esta vez fue capturada. Esa es la misma bola con la que Clayton Kershaw permitió jonrones consecutivos en el octavo inning y, luego, fue la misma pelota que Howie Kendricks sacó del estadio, con las bases llenas.

Entonces, no más justificaciones ni absurdas teorías. Si ha descendido el número de jonrones, pues eso me parece muy bien. Es lógico que así suceda, porque se están enfrentando los mejores equipos de la temporada, los que tienen los cuerpos de lanzadores más completos. El manager de los Cardenales, Mike Shildt, debería buscar otra justificación, porque dos partidos consecutivos llevados sin jits ni carreras hasta el séptimo inning son obra y gracia de excelentes lanzadores…y de la ineptitud para realizar ajustes en la alineación, no del bote de una pelota de béisbol.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

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