Noche de Brujas en el Real Madrid

Durante mucho tiempo, especialmente en la era del mejor Cristiano, los equipos temían al “Santiago Bernabéu”. Sin importar la desventaja en el marcador, el fanático sentado en el mítico estadio o el que observaba el partido por televisor, en el lugar más recóndito de la Tierra, tenía casi la certeza de que, en cualquier momento, el club merengue podría remontar el marcador y terminar celebrando un nuevo triunfo.

Esa sensación de invencibilidad terminó poco después de que el portugués saliera no precisamente por la mejor puerta del equipo. Muchas cosas han cambiado desde ese entonces; otras siguen igual. Como negocio, todo funciona bien; pero, sobre el campo de juego, todo ha cambiado y nada parece funcionar para el equipo entrenado por Zinedine Zidane, el mismo que, tras conocer la salida de CR7, decidió hacerse a un lado.

Aquella fue una decisión cordialmente odiada por el madridismo, pero que tenía una fuerte justificación, tras ganar tres Ligas de Campeones de manera consecutiva, algo nunca antes logrado por un club de fútbol. ¿Cómo entender el regreso del francés al banquillo? Segundas partes, definitivamente, nunca han sido buenas. Zizou quizás lamente, en privado, el haberle dado el “sí quiero” a Florentino Pérez.

Después de tener un cheque de 100 millones de euros, ofrecido rápidamente por la Juventus para llevarse a CR7 hacia un país donde casi no paga impuestos, Florentino Pérez se sintió ante la misma encrucijada que la “cucarachita Martina” del cuento infantil: ¿qué me compraré, qué me compraré? Ya sabemos que no supo invertir bien ese dinero. Su sueño húmedo por tener a Thibout Courtois en el arco podría terminar en pesadilla, evidenciada en los silbidos que recibió el belga en el partido ante el Brujas, en el “Bernabéu”. El fichaje estrella para esta temporada, otro belga, Hazard, sigue buscando excusas para explicar por qué no termina de acoplarse al sistema de juego del Madrid.

Esta temporada el Real Madrid ha sido una versión futbolística del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Quizás lo más preocupante sea que la peor versión del club haya llegado en el torneo que le ha pertenecido, en el que ha logrado sus mejores momentos en la historia: la Liga de Campeones. En su viaje a París fueron aplastados por el PSG, que ni siquiera tenía en sus filas, en ese momento, a su trío más ofensivo (Neymar, Mbappé y Cavani). Fue un mal día. Nada para preocuparse demasiado. Luego vinieron tres partidos consecutivos, en LaLiga, donde Courtois estuvo de vacaciones y los rivales no tiraron a puerta.

Esto colocó al Real Madrid en la cima del torneo doméstico y, de cierta forma, devolvió la tranquilidad a sus fanáticos que veían cómo el archirrival, Barcelona, firmaba su peor comienzo en 25 años. Entonces, llegó el momento de reencontrarse con la Liga de Campeones. El rival no era intimidante, tal vez un club belga nunca lo sea; además, estaba la mítica que acompaña al “Bernabéu”. Los más empedernidos auguraban un festín ofensivo, pero olvidaron que los atracones de goles se fueron con Cristiano.

Los fanáticos del Real Madrid vivieron una Noche de Brujas, en la que su equipo salió disfrazado de bufón a la primera mitad, en la que recibió dos goles. Zizou, al parecer, les habló fuerte en el entretiempo, porque en la segunda parte hubo más intensidad de los merengues y llegaron los dos goles que igualaron el partido; pero, de cualquier forma, la sensación que dejó el equipo fue muy poco convincente.

El “Bernabéu”, definitivamente, ya no es un feudo inexpugnable para el Real Madrid. Lo demostraron el CSKA y el Ajax unos meses atrás y lo reafirmó Brujas. Las señales de alarma están más que prendidas para un equipo que, vaya contradicción, depende del jugador que trató de vender infructuosamente durante el verano (Gareth Bale).

¿Cambiarán las cosas en el futuro? Olvidemos las estadísticas, las cábalas. No busquemos más detalles de Mr. Chip. Zinedine Zidane ganó tres Ligas de Campeones consecutivas con “otro” equipo, que lleva el mismo nombre del que entrena en la actualidad; pero aquellos merengues no se parecen a estos. La temporada apenas ha comenzado, para bien y para mal. Los que prefieren ver la copa medio llena saben que el equipo ha tenido juegos buenos y todavía hay posibilidades de avanzar en la Liga de Campeones; mientras, los que observan una copa medio vacía creen, no sin razón, que el club merengue puede acabar el año sin añadir un nuevo trofeo al museo del estadio ubicado en el Paseo de la Castellana.

Miguel

Periodista, profesor universitario, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social. Bloguero empedernido

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