Sombrías dudas sobre el Salón de la Fama

La exaltación de jugadores al Salón de la Fama del béisbol de Grandes Ligas continúa siendo un tema muy polémico. Los criterios son diversos y quizás se hable más de los atletas que quedan fuera cada año que de los que, finalmente, ganaron un puesto entre los inmortales. Contradicciones de un deporte que ahora está pagando, en voz alta, un alto precio por todos aquellos que guardaron un silencio cómplice, durante la llamada “Era de los Esteroides”.

Por segundo año consecutivo el hombre que más jonrones ha conectado en la historia de las Mayores, Barry Bonds, y el lanzador con más premios Cy Young, Roger Clemens, ni siquiera alcanzaron el 40% de los votos emitidos por los casi 600 miembros de la Asociación de escritores de béisbol en Estados Unidos quienes son los encargados de elegir los nuevos miembros del Salón. ¿La razón? Aunque ninguno de los dos fue suspendido, sus carreras aparecen conectadas con el consumo de sustancias prohibidas.

Ambos recibieron acusaciones por parte de entrenadores o antiguos colegas y sus nombres están recogidos en el Informe Mitchell, de 2007. Estos son argumentos esgrimidos por los periodistas para no incluir en sus selecciones a Bonds y Clemens; aunque estas mismas ideas se aplican para otros jugadores que, cinco años después de pasar al retiro, optan por ingresar al Salón de la Fama, ubicado en Cooperstown, un pequeño pueblo en las afueras de Nueva York. La lista es extensa e incluye también a Mark McGwire, Sammy Sosa y Rafael Palmeiro.

Para Ken Gurnick, un reportero del sitio oficial de la MLB, el hecho de que un pelotero haya jugado en algún momento de la “Era de los Esteroides” resulta suficiente para dejarlo fuera de su lista de votación. Como en ese período la MLB no realizaba exámenes, ni tampoco tenía una “política antidopaje” —ahora la tiene, pero parece un chiste de mal gusto—, pues Gurnick considera que es imposible probar que un jugador obtuviera sus logros sin la ayuda de sustancias prohibidas. Por tanto, los atletas son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

A partir de este razonamiento que, sin dudas, resulta muy controvertido, el periodista no votó en 2013 por ninguno de los tres peloteros que entrarán, en junio de este año, a Cooperstown: Gregg Maddux, Tom Glavine y Frank Thomas.
En el otro lado de la controversia sobre el Salón están los defensores del “olvido”. Ellos aducen que continuarán votando por Bonds y Clemens, porque ambos alcanzaron formidables logros deportivos y nunca se les pudo probar científicamente el empleo de esteroides. Así que merecen un puesto entre otros grandes del béisbol.

Esta posición no ha cobrado mucha fuerza, como lo demuestran los bajos números de votos recibidos en 2013: Clemens (35,4%) y Bonds (34,7%). Si tenemos en cuenta que para entrar a Cooperstown es imprescindible alcanzar, como mínimo, el 75% de los votos, no es difícil imaginar que el llamado “Templo de los inmortales” mantendrá las puertas cerradas para estas figuras que, durante mucho tiempo, fueron icónicas para el universo de las bolas y los strikes.

La elección de Maddux, Glavine y Thomas fue bien recibida por la mayoría de los fanáticos y especialistas. Sus nombres parecen estar limpios —aunque Gurnick opine lo contrario— y en los terrenos tuvieron resultados espectaculares. Maddux está ubicado en el octavo lugar en la lista de todos los tiempos en total de victorias, con 355 y un promedio de carreras limpias de 3,16, en 23 temporadas. Además, ganó cuatro premios Cy Young consecutivos, entre 1992 y 1995, y obtuvo ¡18 Guantes de Oro!, cifra récord para un lanzador.

Mientras, Glavine —compañero de Maddux, durante la época dorada de los Bravos de Atlanta— finalizó con marca de 305 victorias y 203 reveses, en 22 temporadas. Asistió a 10 Juegos de las Estrellas y mereció dos Cy Young (1991 y 1998). El tercer y último exaltado será Frank Thomas —quien jugó varias veces contra Cuba, cuando era amateur—, un fornido bateador que recibió dos premios como Jugador Más Valioso de la Liga Americana, tuvo un promedio al bate de 301, disparó 521 cuadrangulares e impulsó 1704 carreras, en 19 campañas con los Medias Blancas de Chicago, Azulejos de Toronto y Atléticos de Oakland.

Las reglas establecidas para el ingreso a Cooperstown son muy claras en determinadas partes; pero, en otras, dejan demasiado espacio a la interpretación. “El voto deberá basarse en los datos del pelotero, su habilidad para jugar, integridad, conducta deportiva, carácter y contribución al o a los equipos en que jugó”. Quizás estas reglas deberían adaptarse mejor a los tiempos modernos y, sin llegar a los extremos de “culpables hasta que se demuestre lo contrario”, sí podría aparecer una referencia directa al uso del doping; aunque el tema central de la controversia seguirá allí: ¿cómo determinar quiénes realmente se valieron de sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento?

La sombra de esa duda continúa cubriendo la MLB. Probablemente muchos prefirieran “pasar la página” sobre los oscuros años de finales de los noventa y el primer quinquenio del siglo XXI; pero los “fantasmas” con “nombres de peloteros malditos” se resisten a desaparecer. Entonces regresan al final de cada temporada, para recordarles a los periodistas que votan sobre el ingreso a Cooperstown —y también a todos los seguidores del béisbol—que una vez, no hace tanto tiempo, la burbuja de la MLB se infló a base de esteroides.

Publicado en Cubasí

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido

5 comentarios sobre “Sombrías dudas sobre el Salón de la Fama

  • el 15 enero, 2014 a las 3:53 am
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    A mi en particular me parece una aberración no incluir a Bond ni a Clemens en el Salón de la Fama, se les castiga por algo que no estaba prohibido cuando lo hicieron. Quítenle 200 Hrs y 500 impulsadas a Bond y 50 victorias y 500 ponches a Clemens. Sus números seguirán siendo de espanto.

    • el 15 enero, 2014 a las 4:58 am
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      Saludos Elier! El hecho de que no estuviera prohibido oficialmente, no significa que ahora validemos esas acciones, algo así como “si otros lo hicieron, pues no está mal que yo lo haya hecho”. No sabemos durante qué tiempo Bonds, Clemens y tantos otros usaron las más diversas sustancias. Bonds fue como el “vino”, mientras más viejo, más cuadrangulares y estos viajaban a una mayor distancia. ¿Destreza natural? No me parece. Nunca fueron “capturados”, porque no se les hizo las pruebas correspondientes, porque la MLBPA siempre ha tratado de torpedear hasta el más mínimo esfuerzo de la MLB (claro, no es que estos sean los “buenos” de la película y el sindicato de jugadores los “malos”). Creo que Cooperstown debe mantenerse como un sitio al que solo deben ingresar los que realmente hayan tenido una carrera limpia (y esto, como sabemos, cada vez es más difícil de determinar). ¿Todos los jonrones de Bonds y las victorias de Clemens fueron con la ayuda de PED? Estoy casi seguro de que no; pero sí se doparon y, por tanto, perdieron toda credibilidad, al menos para mí. Así que me alegro mucho de los bajos porcentajes; aunque la votación para el Salón de la Fama se ha despretigiado (el reportero del Herald que decidió su voto a partir de una encuesta en Deadspin dice mucho sobre en qué se ha convertido este proceso).

      • el 15 enero, 2014 a las 5:26 am
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        Mi posición no es desde el libertinaje y no aplaudo lo que ellos hicieron, pero tampoco me parece justo borrar prácticamente una generación de grandes jugadores, creo que debe haber un equilibrio y soy de los que piensan que en años venideros ambos lograrán entrar. Es cierto que Bonds fue como el vino, mientras más años tenía mejor bateador era, pero de joven fue un gran jugador también. Se dopaba desde que comenzó a jugar? No lo creo. Lo mismo pasa con Clemens. Insisto en estos dos porque es que son casos realmente distintos, pues sus números son muy superiores al resto en una época en que casi todos lo hacían, lo que me hace pensar que en caso que todos hubiesen estado limpios, habrían destacado igual, seguro Bond no habría alcanzado a Aaron ni Clemens sería el máximo ganador de Cy Youngs, pero si hubieran destacado.

        • el 15 enero, 2014 a las 5:41 am
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          Saludos de nuevo Elier y gracias por tus comentarios! Mira, no creo que se trate de borrar a una generación completa de peloteros, en realidad, ellos se borraron por sí solos. Recuerdas las lágrimas de McGwire admitiendo el uso de esteroides ? En 1998, con un radio de pilas, en un campo de Santa Clara, yo seguía casi a diario la carrera de jonrones de McGwire y Sosa. Aquello fue emocionante; pero hoy (en realidad, hace ya tiempo) sabemos que aquello fue un fraude. Las pelotas sí sobrepasaron las cercas, pero fueron impulsadas por esteroides. Creo que cualquier jugador mencionado en el Informe Mitchell (una investigación que me parece seria) debe quedar fuera de Cooperstown. De cualquier forma, sus récords están allí, nadie los borrará y, de seguro, nadie los superará; pero que al menos quede como “castigo” (todos son multimillonarios) su exclusión de Cooperstown. ¿Que no entra nadie en un año, como sucedió en 2012? Para mí eso está muy bien.

          • el 15 enero, 2014 a las 5:59 am
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            Hola, este será el último por hoy porque mañana me tengo que levantar temprano, pero siempre es un placer comentar en su blog, que me parece muy bueno y profesional. Está claro que no coincidimos. El salón de la fama fue creado para que en el fueran recordados los mejores, y para mi Clemens y Bond deben estar porque su talento está a la altura del de los mejores, esteroides y récords apartes. Más allá del aspecto moral, los esteroides desde el punto de vista dan tanta ventaja como los trajes de poliuretano en la natación que dejaron récords durísimos de romper, pero que igual que los de bond, algún día surgirán atletas con el talento necesario para hacerlo. Podemos demeritar a César Cielo o Ian Thorpe por haberlos usado? No lo creo. Al igual que Bond y Clemens fueron parte de lo mejor de su generación y por lo tanto como eso deben ser recordados. Que se debería hacer? Al igual que la fina prohibió los trajes, mlb debería castigar severamente a quién se dope.

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