Eurocopa: del poder teutón a la dinamita roja


La quinta edición de la Eurocopa de fútbol se efectuó en Yugoslavia, en 1976. Los dos principales favoritos eran los alemanes federales, liderados por Franz Beckenbauer, y los holandeses, de Johan Cruyff, así que nadie mostró su asombro cuando los teutones volvieron a incluirse en la discusión del título, ante un sorprendente rival: Checoslovaquia.

Los checoslovacos dejaron boquiabiertos a los holandeses, en la semifinal y el asombro de seguro fue mayor en la final, cuando tomaron ventaja de 2 goles a 1. No obstante, en el minuto 90, Holzenbein marcó el empate que forzó la prórroga.

En los dos tiempos de alargue tampoco hubo goles y, por primera vez en la historia, se recurrió a la tanda de penales, para determinar al campeón de la Eurocopa. En esa instancia, los checoslovacos tuvieron mejor puntería y completaron la sorpresa, por 5 a 3.

Cuatro años después, en 1980, los italianos acogieron por segunda ocasión al evento. La Alemania Federal jugó su tercera final consecutiva, ahora ante un rival inesperado. Los belgas estuvieron muy bien en aquella versión y en su grupo clasificatorio avanzaron por delante de Inglaterra, Italia y España. En el partido por la corona, los teutones comenzaron delante; aunque luego Bélgica igualó de manera espectacular, en el minuto 72. La prórroga estaba cerca; sin embargo, Hrubesch anotó su segundo gol del encuentro y los alemanes levantaron la Copa.

La Eurocopa de 1980 recibió poco apoyo del público; pero en la cita de 1984, sucedió todo lo contrario. Los franceses prepararon un gran torneo y, para completar la fiesta, su equipo, liderado por Michel Platini, logró llegar al partido por la corona, al derrotar en la semifinal a Portugal. Los galos enfrentaron a la Furia Roja española, una selección que había entrado en los libros de récords, tras propinarle una escandalosa goleada de ¡12 a 1! a Malta.

En el estadio “Parque de los Príncipes”, de París, los franceses aprovecharon el gol de tiro libre que marcó Platini y otra anotación, en los instantes conclusivos, para proclamarse reyes de Europa. En la siguiente cita, en 1988, la todavía Alemania Federal acogió a la Eurocopa y ese evento quedó guardado como uno de los más memorables para el fútbol holandés.

La llamada “Naranja Mecánica” ha estado cerca, en varias ocasiones, de obtener un título mundial; pero siempre fracasó en el partido decisivo. El equipo de 1988 era joven, aunque muy completo, gracias al talento que aportaban Marco van Basten, Ruud Gullit, Frank Rijkard y los hermanos Koeman.

El partido más esperado del certamen se vivió en la semifinal, cuando chocaron alemanes y holandeses. Aquel fue un tremendo choque y finalmente los “Naranjas” triunfaron por 2 goles a 1. En el otro desafío semifinal, los soviéticos, en el último torneo que jugaron bajo ese nombre, revivieron viejas glorias y derrotaron a Italia, 2 a 0.

Era el ahora o nunca para los holandeses. Los goles de Gullit y Van Basten alejaron los fantasmas de derrotas en momentos cumbres y le dieron a Holanda su primer y único título en un torneo importante del universo futbolístico.

En 1992, en la cita organizada por Suecia, nuevamente la política estuvo presente. Los yugoslavos habían logrado su clasificación; pero fueron excluidos del certamen, porque en ese momento existían sanciones internacionales contra la entonces Yugoslavia, un país envuelto en la llamada “Guerra de los Balcanes.”

Ante esa exclusión, la UEFA decidió invitar a Dinamarca y realmente nadie esperaba que los daneses hicieran grandes cosas, porque no habían entrenado lo suficiente. Además, su principal jugador, Michael Laudrup, desistió de participar en el torneo, por divergencias personales que sostenía con el entrenador principal del equipo.

En la semifinal, Dinamarca superó al campeón de 1988 y gran favorito Holanda, en la tanda de penales, por lo que aseguró un cupo en la final contra los alemanes. Casi todos confiaban en un nuevo triunfo germano; sin embargo, esa confianza comenzó a desmoronarse en el minuto 18, cuando Jensen marcó el primer gol de los daneses. Más tarde, en el 78, Vilfort acabó con las esperanzas de los germanos. De esta manera, Dinamarca, la “Dinamita roja”, un equipo que ni siquiera pensaba intervenir en la Eurocopa de 1992, obtuvo un título que lo colocó en la cima del fútbol en el “Viejo continente”. Quizás esta haya sido una de las mayores sorpresas en las cinco décadas de historia de la Eurocopa.

 

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido