Luces y algunas sombras en el Juego de Estrellas

Alexander Guerrero ganó el derby de cuadrangulares y conectó otro importante en el Juego
Alexander Guerrero ganó el derby de cuadrangulares y conectó otro importante en el Juego

El vigésimo quinto Juego de las Estrellas centró la atención deportiva en Cuba el fin de semana pasado. Mientras en Europa el vallista corto Dayron Robles perdía ante Oliver por descalificación, los Packers de Green Bay ganaban el Súper Bowl 45 y en Ciego de Ávila y Holguín los ajedrecistas cubanos luchaban por un puesto en la final nacional, en Cienfuegos se reunieron los 40 peloteros de mejor rendimiento en la primera mitad de la 50 Serie Nacional y decenas de jugadores retirados.

A mí realmente me gustan los juegos de los veteranos. Esta idea me ha traído no pocas discusiones con mis amigos, pues ellos alegan que prefieren quedarse con el recuerdo de esas estrellas cuando podían capturar cualquier batazo o llevar la pelota más allá de las cercas. Les disgusta verlos ahora, con muchísimas libras de más, incapaces de agarrar el más inofensivo fly, cansados con solo correr dos bases. En cada ocasión que ha surgido el tema mi respuesta ha sido la misma: déjenlos saborear otra vez el placer de retornar a un terreno de juego, permítanles reencontrarse, después de años sin verse. Muchos de ellos han caído en lamentables olvidos y participar en los juegos de veteranos les hace recordar aquellos tiempos en que recibían aplausos y soñaban con llevar a sus equipos al título nacional.

En este desafío supe de la vida de muchos peloteros de los que hacía un largo tiempo no conocía su paradero. Antonio Muñoz, Sergio Quesada, Evenecer Godínez, Albertico Martínez, Jorge Luis Valdés…la lista sería inmensa. De todos ellos me quedaron imágenes grabadas en mi memoria de niño que descubría, a principios de los años noventa, el placer de asistir a un estadio de béisbol.

El Juego de las Estrellas, entre Oriente y Occidente, tuvo demasiados contrastes. Por un lado fue gratificante ver a la mayoría de los jugadores entregarse por completo en un partido que no representaba absolutamente nada para ellos. Hubo corridos fuertes, lanzamientos en las bases, enormes jonrones. En realidad podía apreciarse con facilidad que había interés por ganar el desafío; sin embargo, los directivos de la Comisión Nacional cometieron un error imperdonable: después de nueve entradas, con el marcador empatado a 8 carreras y sin más lanzadores en el bullpén, sencillamente había que declarar el partido igualado.

No lo hicieron y…¿cuál fue el resultado? Un desastre en el extrainnings, con 12 carreras anotadas que desvirtuaron por completo al partido. Los relevistas Duniel Ibarra y Alexander Rodríguez recibieron todo tipo de batazos y desde los bancos, ni Iday Abreu ni Roger Machado (los directores), podían hacer nada para evitar la despiadada ofensiva.

Una posible sugerencia para el año siguiente sería establecer que, en caso de empate, sin más lanzadores disponibles, pues declarar “tablas” el encuentro. Al final ganaría el béisbol. Además, al igual que sucede en las Grandes Ligas, la zona que obtenga el triunfo podría recibir, como premio, la posibilidad de comenzar por casa el play off por el título nacional. Por último, también sería interesante involucrar más a los fanáticos en la selección de los peloteros que intervienen en el Juego de las Estrellas. A mí no me gusta el proceso de elección en las Mayores, por votación electrónica, porque los jugadores más carismáticos y con mayor número de seguidores por lo general son los que intervienen en el desafío y en no pocas ocasiones han quedado fuera figuras de mejor rendimiento; pero el sistema que impera en la Serie Nacional, es decir, toda la selección en manos del director, tampoco es justa y me parece que debería cambiar.

Vea además:
Listado de participantes en el Juego de las Estrellas
Box Score, Orientales 15-13 Occidentales
El Juego de las Estrellas de la pelota cubana

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido