La era de los prodigios

Illya Nyzhnyk, un prodigio de 14 años
Illya Nyzhnyk, un prodigio de 14 años

Illya Nyzhnyk aparenta tener menos de 14 años. Quizás cuando su infantil rostro aparece en la sala de juego muchos piensen que sea solo un chico más, interesado en conocer a los ajedrecistas que intervienen en el fortísimo torneo que anualmente se celebra en la ciudad holandesa de Wijk aan Zee; pero la realidad es impactante: el ucraniano es el Gran Maestro más joven del mundo en la actualidad y su rápido desarrollo prueba que vivimos en una verdadera era de prodigios.

El ajedrez es un deporte diferente, por múltiples razones, entre ellas que no resulta extraño que los jóvenes derroten con frecuencia a los adultos.  La historia recoge diversos ejemplos de chicos prodigios, entre ellos el cubano José Raúl Capablanca, campeón nacional a los 11 años y los estadounidenses Samuel Reshevsky y Bobby Fischer quienes impresionaron a sus profesores y rivales desde edades muy tempranas. Ellos fueron casos sobresalientes; pero muy aislados.
Fischer se convirtió en el hombre que más rápido alcanzó el título de Gran Maestro. En 1958 tenía solo 15 años y durante tres décadas su récord fue intocable. Ni siquiera los ajedrecistas más completos de los setenta y ochenta, Anatoly Karpov y Garry Kasparov, se acercaron a su marca; sin embargo, en los noventa comenzó una nueva etapa para el ajedrez, profundamente influida por la extensión del uso de las más modernas tecnologías.

En los años finales del siglo XX era común ver a jóvenes trabajar con enormes bases de datos, dotadas de millones de partidas; también los desarrolladores de software lograron productos más completos que permitían el análisis y la confrontación directa del hombre con la máquina. Todo esto se combinó con un momento en el que el ajedrez, a pesar de sus divisiones internas, por conflictos entre jugadores y la Federación internacional, inició una expansión mundial que se extiende hasta la actualidad.

Estas condiciones influyeron en la aparición de niños que asombraban al mundo por su talento al enfrentar una partida de ajedrez.  El récord de Fischer fue roto en 1991 por quien es considerada la mejor jugadora de todos los tiempos, la húngara Judith Polgar. Su padre estaba obsesionado por demostrar cuánto podía influir el juego ciencia en sus hijas, por lo que Judith, Susan y Sofía aprendieron las reglas casi al mismo tiempo en que comenzaron a leer.

El “experimento” de las hermanas Polgar fue muy criticado por muchos; sin embargo, sus defensores alegaron que dio resultado, porque Judith se mantuvo en la elite entre los hombres por más de una década y Susan fue campeona mundial en 1996. Si el anterior récord de Fischer perduró por 33 años, el de Judith no corrió igual suerte. En 1994 otro brillante húngaro, Peter Leko, de 14 años y 4 meses, recibió el título de Gran Maestro; aunque su nombre tampoco permaneció un largo tiempo en los libros, pues en 1997 el ucraniano Ruslan Ponomariov dejó atrás la marca al obtener la máxima condición con 14 años exactos.

Ponomariov mostró sus excepcionales dotes un lustro más tarde, cuando ganó el Campeonato mundial de la Federación internacional, en 2002. Precisamente ese año otro genial niño ucraniano, Sergey Karjakin, rompió todos los esquemas y con apenas ¡12 años y 7 meses! se convirtió en el ajedrecista que con mayor rapidez ha merecido la distinción de Gran Maestro.

El indiscutible líder de la “era de los prodigios”, el noruego Magnus Carlsen, tardó nueve meses más que Karjakin en ser reconocido como Gran Maestro; pero es considerado el más genial de sus contemporáneos, porque con menos de 20 años llegó al primer lugar del ranking mundial y ha logrado imponerse en los torneos más fuertes. Solo le queda alcanzar la corona universal y aunque el noruego decidió apartarse del próximo ciclo de candidatos, su extraordinario talento y juventud lo conducirán algún día—tal vez cuando él lo intente con mayor interés—a la cima del universo ajedrecístico.

Carlsen, Ponomariov y Karjakin ya están viviendo su segunda década; sin embargo, la lista de prodigios no termina con ellos. Por ejemplo, el italiano Fabiano Caruana, de 18 años, aparece ubicado en el lugar 25 del ranking, por su ELO de 2721 puntos; el chino Bu Xiangzhi, de 15 años, posee 2677 unidades; mientras el indio, nacionalizado holandés, Anish Giri, de 16, podría superar en muy poco tiempo la barrera de los 2700.

En Wijk aan Zee no todas las miradas han estado concentradas en el grupo principal, donde juegan varias de las principales estrellas. No muy lejos de las mesas en las que se sientan Anand, Kramnik o Carlsen otro prodigio ucraniano, Illya Nyzhnyk, ha llamado la atención de seguidores y especialistas del ajedrez.

Illya aprendió a jugar a los 4 años. Su primer entrenador fue la computadora de su papá. El niño cargaba un programa con partidas de Bobby Fischer y durante horas se entretenía en ver las jugadas. En ese momento no las comprendía del todo, aunque fue solo cuestión de tiempo para que ese interés se uniera a un enorme talento y aparecieran los primeros resultados.

En 2007, con 11 años, triunfó en el grupo B del Abierto de Moscú y poco después ganó el campeonato europeo para menores de 12 años. En diciembre de 2010, en un evento celebrado en Groningen, Illya cumplió su tercera norma y aseguró el título de Gran Maestro.

La era de los prodigios en el ajedrez no tiene un final definido. Los “nativos digitales” cada vez emplean con más inteligencia las múltiples herramientas que tienen a su disposición—partidas online, amplias bases de datos— para mejorar su nivel de juego y estas condiciones nos llevan a una pregunta ¿tendremos, en el futuro, un Gran Maestro de 10 años o menos? Probablemente sí; aunque otros retos de los niños prodigios parecen dirimirse lejos de los tableros, cuando se enfrenten al “mundo real” y tal vez les falten los conocimientos necesarios para comprender que los jaques al rey no son las únicas respuestas a los problemas.

Publicado en Cubasí

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Niños prodigios en el deporte

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido

4 comentarios sobre “La era de los prodigios

  • el 25 enero, 2011 a las 4:41 pm
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    Buen artículo, como siempre. Hubiera sido interesante en el artículo también como se ha comportado esa línea de jugadores precoces en la historia del ajedrez cubano.

    • el 1 febrero, 2011 a las 4:58 am
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      Saludos Yudivián!
      Illya Nyzhnyk, el niño prodigio de 14 años, ya Gran Maestro, tuvo chances de ganar el grupo C del Wijk aan Zee, pero entabló con el italiano Daniele Vocaturo, de cualquier forma, ganó más de 10 puntos para su ELO y probablemente el año próximo reciba una invitación para el grupo B.
      Tienes razón en que debí incluir algunos ejemplos de prodigios cubanos, pero ya estaba “pasado de espacio” y estoy preparando uno especial sobre Cuba. Te diré que entre las mujeres, sobresalió María Teresa Mora (este es un enlace a un artículo que escribí sobre ella, http://www.habanaradio.cu/singlefile/?secc=19&subsecc=19&id_art=20070530112156). De los hombres, por supuesto, Capablanca, campeón nacional a los 13 años y con 23 ganó el fortísimo torneo de San Sebastián, que reunió a varios de los mejores ajedrecistas del mundo.
      En la actualidad, por ejemplo, Bruzón, sin cumplir los 14 años jugó en 1997 su primer Campeonato Nacional. Ese privilegio había correspondido solamente a Capablanca y Guillermo García.
      Leinier es el MI cubano más joven de la historia, con apenas 14 años y 241 días. Bruzón, a sus 17 años y 38 días, se convirtió en el Gran Maestro cubano más joven.

  • el 28 enero, 2011 a las 10:05 pm
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    ?En republica Dominicana hay un nino que vive en una rustica cuarteria que le dieron entrada en Harvard ….con solo 14 anos de edad!!!

    • el 29 enero, 2011 a las 3:48 pm
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      Saludos…Podríamos hablar de una “fiebre de prodigios” no solo en el deporte. Niños que entran a la universidad con edades entre 10 y 12 años, jóvenes liderando departamentos informáticos de empresas importantes, con grandes capacidades de cálculo (aunque por lo general socialmente introvertidos)….Me parece que la era de las nuevas tecnologías está mediando notablemente en el desarrollo de las mentes más jóvenes y también ahora, con las posibilidades de socialización, sería posible conocer dónde están esos prodigios

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