Teófilo Stevenson, una leyenda olímpica

Teófilo Stevenson, uno de los grandes de todos los tiempos
Teófilo Stevenson, uno de los grandes de todos los tiempos

En la historia del boxeo olímpico hay varios nombres que no pueden olvidarse. El primero de ellos, al menos por orden cronológico, es el del gran peleador húngaro Lazslo Papp quien logró tres coronas. La lista de atletas sobresalientes incluiría a los estelares norteamericanos Cassius Clay—conocido más tarde como Muhammad Alí—, George Foreman, Leon Spinks y Lennox Lewis. La presencia de púgiles cubanos ocuparía parte importante de la lista: el tricampeón Félix Savón, los bicampeones Ángel Herrera, Héctor Vinent, Ariel Hernández, Guillermo Rigondeaux, Mario Kindelán; el invencible Roberto Balado; pero un lugar aparte merece un hombre que también logró subir hasta lo más alto del podio en tres oportunidades y sus hazañas en el ring pudieran clasificarse como las más impresionantes de todos los tiempos olímpicos del boxeo: Teófilo Stevenson.
Los primeros años en la vida de Stevenson no difieren mucho de los de otros deportistas. Nació en 1952, en el central Delicias, un pueblo perdido en la geografía de Puerto Padre, en la oriental provincia de Las Tunas, y sus excelentes condiciones físicas lo impulsaron hacia el boxeo. Su estatura y potencia en el golpeo llamaron la atención de los entrenadores y ya en 1971, con solo 19 años, Stevenson era el representante cubano a los Juegos Panamericanos de Cali; pero allí la inexperiencia se combinó con el talento del norteamericano Duanne Bobick quien lo derrotó en el combate semifinal de la división de más de 81 kilogramos, por un cerrado 3 a 2.

La victoria convirtió a Bobick en la nueva “esperanza blanca”, el encargado de mantener la supremacía olímpica estadounidense en la máxima división del boxeo. En la cita estival de Munich, en 1972, Stevenson buscaría, a toda costa, la revancha ante Bobick.

El debut en citas estivales del cubano fue por todo lo alto y el domingo 3 de septiembre dejó fuera de combate, en el primer asalto, al polaco Denderys. El organigrama le depararía una sorpresa: su próximo rival, Duanne Bobick. La expectativa era enorme, ya que se consideraba que el ganador de ese duelo tendría el camino despejado hasta el título de los Juegos. El martes 5 de septiembre subieron al cuadrilátero los dos hombres. Stevenson era más alto, mientras Bobick podía moverse con más rapidez. Así vio la pelea el entrenador de Teófilo, el soviético Andrei Chervonenko: “el combate con Bobick lo empezó seguro. En el segundo asalto, en cambio, permitió al norteamericano pelear de cerca. En el descanso le dije: estás peleando como el peor pugilista del mundo. Si quieres ganar, mantenle la distancia. Unos cuantos directos y vencerás. Stevenson lo entendió. Parecía una abeja. Me dije, al seguir la acción en el cuadrilátero: ya dio una picada. El ojo izquierdo de Bobick quedó cerrado; entonces da otra; el contrincante del cubano no ve bien tampoco del ojo derecho. El norteamericano cede, y en ese momento le alcanza un terrible derechazo… Se desplomó como si le hubieran dado un palazo en las piernas. A la tercera caída, el árbitro detuvo las hostilidades. Poco camino le quedaba a Stevenson para llegar al título.”

En su combate semifinal, Stevenson enfrentó al representante de la Alemania Federal, Peter Hussing, y este no llegó hasta el final porque el cubano le propinó otro knock-out en el segundo asalto. Así, el domingo 10 de septiembre de 1972 cuatro peleadores cubanos subieron al ring en busca de las medallas de oro. En los 54 kilogramos, Orlando Martínez venció por votación unánime, 5 a 0, al mexicano Alfonso Zamora y se convirtió en el primer campeón olímpico del pugilismo antillano. Luego vendría el triunfo de Emilio Correa, en los 67 kilos, sobre el húngaro Kadji; aunque la cadena terminó con la derrota de Gilberto Carrillo ante el genial yugoslavo Mate Parlov. El último combate de la noche enfrentó al más espectacular de todos los peleadores del evento, Teófilo Stevenson, contra el rumano Ion Alexe; pero el europeo no se presentó y de esta cómoda manera Stevenson obtuvo su primer oro olímpico.

Fueron tan convincentes las demostraciones de Teófilo que el Comité Técnico de la Asociación Internacional de Boxeo lo seleccionó como el mejor boxeador del torneo y le concedió la Copa Val Baker. Comenzaba su década de reinado entre los pesos pesados del mundo.

Después de sus brillantes demostraciones en Munich, su éxito en el primer Campeonato mundial de boxeo, celebrado en La Habana, en 1974 y su fácil triunfo en los Panamericanos de México, en 1975, Stevenson fue considerado el gran favorito para retener su corona olímpica en la cita de Montreal, en 1976.

En la ciudad canadiense Stevenson acabó con todos los rivales. Propinó cuatro knock outs y se pudiera asegurar que en las más de tres décadas de presencia cubana en el boxeo olímpico, nadie ha podido acercarse a lo mostrado por Stevenson en 1976. Quizás solo Roberto Balado en Barcelona 1992, cuando conquistó la Copa Val Baker; no obstante, los triunfos de Teófilo fueron más espectaculares.

Stevenson abrió con un knock-out en el segundo round ante el senegalés Dravore. En su segunda presentación el árbitro tuvo que detener la pelea en el primer asalto frente al finlandés Ruokola. Luego el cubano lanzó a la lona a otro norteamericano, John Tate, también en el primer asalto y el duelo final, contra el rumano Mircea Simon, concluyó cuando los asistentes tiraron la toalla en el tercer round.

Cuatro años después, Stevenson intervino en su tercera olimpiada consecutiva, la de Moscú, en 1980 y una vez más ofreció pruebas de toda su superioridad e implantó un récord difícil de igualar: diez combates consecutivos sin permitir que su rival llegara hasta el campanazo conclusivo.
 
Stevenson inició el camino con un fuera de combate frente al nigeriano Solomon en el asalto inicial; más adelante tiró a la lona al polaco Grzegorzi en el tercero y su cadena de triunfos antes del final quedó interrumpida cuando el húngaro Levai, lejos de presentar pelea, corrió por todo el ring; aunque Teófilo se llevó el triunfo por 5 a 0.

Una de las anécdotas más curiosas y que reflejan su superioridad en Moscú tuvo lugar durante el combate por el oro. El rival fue el soviético Piotr Zaev y el cubano lo dominó sin grandes dificultades. Tan pronto como sonó la última campana, Zaev comenzó a festejar por todo el ring; sin embargo, no lo hacía porque hubiera ganado: el soviético festejaba el histórico final de la pelea, ya que a él correspondía el honor de haber podido terminar, de pie, frente a la demoledora pegada del cubano.

El tercer título olímpico de Stevenson le permitió igualar la hazaña lograda por el húngaro Lazslo Papp quien había vencido en las ediciones de Londres, 1948, Helsinki, 1952 y Melbourne, 1956. Teófilo pudo haber obtenido un cuarto título en Los Ángeles, en 1984 o al menos haberlo intentado; pero Cuba decidió no asistir a esa Olimpiada—al igual que el resto de los países del entonces campo socialista por falta de seguridad para sus atletas— y de esta forma se perdió la oportunidad para Stevenson.

Las cifras en el deporte resultan esenciales para comprender la magnitud de los éxitos de los atletas y en el caso de Stevenson, su récord de combates ganados y perdidos fue impresionante. En total ganó 170 peleas, apenas cayó en diez ocasiones y solo hubo un hombre que pudo derrotarlo dos veces: el soviético Igor Visotski.

Por mucho tiempo se especuló sobre un posible enfrentamiento entre Teófilo Stevenson y el norteamericano Muhammad Alí, campeón olímpico en Roma 1960. Ambos eran considerados los pesos pesados más importantes del mundo, Stevenson entre los amateurs y Alí de los profesionales.

El tan esperado combate nunca tuvo lugar, por diversas razones. ¿Qué hubiera sucedido en él? Teófilo dio la respuesta: “Alí ha dicho varias veces que la pelea habría sido un empate y yo también lo creo.”
Teófilo Stevenson se retiró oficialmente del boxeo el tres de julio de 1988, en una ceremonia especial del torneo internacional “Giraldo Córdova Cardín”, celebrado en Las Tunas, su provincia natal. Decía adiós el hombre y a partir de ese momento comenzaba su leyenda.

Publicada en Habana Radio

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido

5 comentarios sobre “Teófilo Stevenson, una leyenda olímpica

  • el 17 marzo, 2009 a las 12:58 am
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    Recientemente volvi a ver la pelicula de Rocky Marciano..que ha sido , hasta ahora, el unico campion mundial de peso pesado que se retiro…invicto!!…Creo que tiene su lugar tambien en la historia…

  • el 17 marzo, 2009 a las 1:13 pm
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    En mi modesta opinion creo que un enfrentamiento entre Cassius Clay y Stevenson yo le voy al mio…creo que Stevenson hubiese ganado..era mas completo..he visto casi todas las peleas de Muhammeda Ali y sigo considerando al nuestro mas completo…claro con diferente entrenamiento..pero mas completo…ambos son gloria mundiales…..hay un boxer que vi una pelea en video y me impresiono..Emilio Correa….

  • el 23 marzo, 2009 a las 9:04 pm
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    Cubano americano 1 pero como vas a comparar una leyenda viva con el de una pelicula. de hollywood

    Cuando hablas de Stevenson te recuerdo que toda la trayectoria escrita anteriormente, muy bien redactada por cierto, le merecio un lugar en el prendido de la antorcha Olimpica de Atlanta 1996 junto a otras glorias del deporte consideradas las mejores del siglo, observa bien, del siglo.

    Honor a quien honor merece.

  • el 10 febrero, 2010 a las 8:29 pm
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    DE TODO CORAZON EL MEJOR DE TODOS LOS TIEMPOS EN SU PESO DEL BOXEO OLIMPICO Y UNA PELEA ENTRE EL Y ALI HUBIECE SIDO UN EMPATE DE DOS GLORIAAS DEL BOXEO….

    • el 11 febrero, 2010 a las 4:25 pm
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      Saludos y gracias por comentar en mi blog. Ciertamente hubiera sido una pelea espectacular y entre mis recuerdos gráficos más apreciados está la visita que hizo Ali (con un Parkinson avanzado) a Cuba y el encuentro que tuvo con Stevenson. Ambos son amigos y eso me parece muy bien. Nadie podrá negar que estos dos boxeadores hicieron historia y son parte de la rica historia del pugilismo. ¿Un empate en la pelea? Tal vez no, quizás fue solo una respuesta diplomática, aunque de seguro cada uno afirmó, en su momento, que ganaría el duelo.

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