Víctor Muñoz, otro periodista olvidado

 

Muchos relacionan a Victor Muñoz únicamente con la idea del Dia de las Madres en Cuba
Muchos relacionan a Víctor Muñoz únicamente con la idea del Día de las Madres en Cuba

Uno de los periodistas cubanos más importantes de las primeras décadas del siglo XX fue Víctor Muñoz, el hombre al que muchos asocian, únicamente, con la idea de celebrar el “Día de las madres”, pero Vitoque, como le decían sus amigos, en realidad merece ser recordado también por su labor de cronista deportivo y por la gran influencia que ejerció sobre el béisbol nacional.

Su vinculación con la pelota trascendió al hecho de ser un periodista y se involucró directamente en la organización de la Liga profesional. Por ejemplo, en la temporada 1915-16 Víctor fue secretario de la Liga, en momentos en que esta era dirigida por Juan L. Sánchez y Abel Linares actuaba como tesorero.

El estilo de Víctor marcó un cambio en la forma de concebir las informaciones beisboleras. José Manuel Govín, fundador y director del periódico El Mundo, uno de los medios de mayor prestigio en el país, creado en 1901 y que estuvo en activo hasta 1969, deseaba que las páginas deportivas del diario enfocaran de una manera diferente las crónicas y para eso encargó a Muñoz.

En poco tiempo Vitoque terminó con el uso de los términos ingleses en el béisbol y en su lugar introdujo las versiones al español como jonrón en lugar de homerun o corrido y bateo por hit and run. Además, su talento se puso a prueba al variar los clásicos leads informativos, tan gastados en la prensa donde se respondían las preguntas qué, cuándo, dónde, por una forma más fresca de enfocar la pelota.

Víctor sostuvo, en una de sus múltiples crónicas, que era inevitable el paso de los vocablo de un idioma a otro, y en el caso del baseball, como se le reconocía en su época, sus términos acabarían por españolizarse en tal forma que ni su madre “perdonen la expresión para continuar la imagen, la que los amamantó, los conocerá con el tiempo”, escribió.

De su imaginación nació el epíteto “El diamante negro” para José de la Caridad Méndez, uno de los peloteros más completos de todos los tiempos y hoy miembro del Salón de la Fama de Cooperstown.

Un breve repaso por su biografía nos acerca al periodista que nació en 1873 en La Habana y que luego se trasladó con su familia hasta el sur de los Estados Unidos. Allí laboró durante algún tiempo como lector de tabaquería en Tampa y Key West. En tierras norteamericanas colaboró con los periódicos Cuba y Yara, ambos creados para divulgar la guerra de independencia contra el colonialismo español.

Después de finalizado el conflicto bélico con la intervención norteamericana, Muñoz trabajó en los diarios El Cubano, La República cubana y La discusión, hasta que se trasladó a El Mundo desde su fundación. Allí escribió no solo de deportes, sino también secciones humorísticas y crónicas de costumbre, por lo que se le suele reconocer como un “costumbrista”.

De acuerdo con el periodista Ciro Bianchi, la columna de Muñoz, “La semana” que se publicaba en El Mundo ilustrado, suplemento dominical, era una de las más leídas, también “Junto al Capitolio”, otra de sus columnas, aunque firmada con el seudónimo de Attaché. Gracias a su enorme imaginación y a la ayuda de revistas norteamericanas, Víctor escribía semanalmente sobre temas políticos que se abordaban en el Capitolio de Washington, mientras sus lectores creían que realmente el autor de aquel espacio estaba en la capital estadounidense.

VITOQUE Y EL DÍA DE LAS MADRES

El nombre de Víctor Muñoz aparece cada vez que se menciona la historia del “Día de las madres” en Cuba.
La celebración de este día se inició en los Estados Unidos, en la primera década del siglo XX. En mayo de 1907 Ann Jarvis, una gran activista comunitaria, decidió conmemorar el tercer aniversario de la muerte de su madre. Como las flores favoritas de su mamá eran los claveles, Jarvis entregó eso día claveles rojos a quienes tenían a su madre viva y blancos a los hijos cuya madre hubiera fallecido.

Desde “Junto al Capitolio”, en una columna titulada “Mi clavel blanco”, escribió Vitoque:

“En 1914 varios estados norteamericanos hicieron del día fiesta local y la Cámara de Representantes aprobó una resolución recomendando que fuese observado el Día de las Madres por los miembros de los dos cuerpos colegisladores y el Presidente de la República. En tres o cuatro años más, la admirable solidaridad de estas gentes y la buena voluntad con que siempre acogen las ideas nuevas cuando son buenas, creó un espacio sobre la faz del mundo… en el que se destina un día del año para honrar a las madres”.

Más adelante, Muñoz hacía referencia a la iniciativa de Jarvis y declaraba que “no tardará en ver triunfante su paciente y callada labor, porque ya en los Estados Unidos se ha generalizado bastante la costumbre, y los claveles rojos o blancos en las solapas de los hombres y sobre los corpiños de las mujeres, darán testimonio de su triunfo”.

Las repercusiones de las actividades norteamericanas se extendieron hasta suelo cubano y un grupo de personas—entre los que se encontraba Víctor— que se reunían en el Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas, liderados por el maestro Francisco Montoto, decidieron trabajar juntos para lograr que en 1920 se celebrara por primera vez el “Día de las madres” en Cuba.

Víctor Muñoz también tuvo una amplia participación en la política y resultó electo concejal del Ayuntamiento de La Habana en 1920. Un año después propuso que se instituyera en el municipio habanero la celebración del “Día de las madres”. Su iniciativa tuvo éxito, aunque no es hasta 1928 que la Cámara de Representantes aprueba, con carácter de ley, la celebración nacional del “Día de las madres.”

Vitoque no vivió para ver ese día. Su enorme peso corporal le provocó graves complicaciones médicas y con apenas 45 años, en 1922, dejó de existir uno de los grandes del periodismo cubano.

Miguel

Periodista, profesor univeristario. Bloguero empedernido